Miguel Ángel Ramos

El Edomex que viene

MexiquenSer

El 30 de septiembre, Delfina Gómez llegará a su tercer informe de gobierno. Tres años cumplidos, tres por delante y una palabra que su administración decidió convertir en sello de 2026: obras.

El “Año de las Obras” llega con una cifra que merece atención: el gobierno estatal reporta 19 mil 818 millones de pesos de inversión en obra pública durante 2026, con proyectos en los 125 municipios.

Pero hay una acción que, por su dimensión, inevitablemente se roba la conversación: el Plan Integral de la Zona Oriente. Son 121 acciones y una inversión superior a 76 mil millones de pesos para una región habitada por más de 10 millones de personas.

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Agua, movilidad, salud, vivienda, seguridad e infraestructura para una zona que durante décadas creció mucho más rápido que sus servicios.

El problema es que el Estado de México no termina en Ecatepec, Chimalhuacán, Chalco o Texcoco. Hay 125 municipios.

Y entre el Oriente que concentra buena parte de la atención nacional y los grandes proyectos metropolitanos (y los votos) existe otro Estado de México: el de las carreteras secundarias, los caminos rurales, los hospitales, los mercados, las escuelas, los pueblos originarios, el campo y las comunidades alejadas de los grandes reflectores.

Ahí estará una de las preguntas incómodas del tercer informe: si 2026 es el Año de las Obras, ¿cómo se ve ese año fuera de los grandes corredores metropolitanos? Pero hay una segunda lectura.

El informe llega justo cuando el Estado de México entra formalmente al proceso electoral. El próximo 6 de junio se renovarán las 75 diputaciones locales y los 125 ayuntamientos.

Los partidos ya comenzaron a acomodar sus piezas. Morena, PT y PVEM hablan de unidad; PRI, PAN y PRD, por ahora, transitan rutas separadas.

Y, en otro escenario, las encuestas comienzan a formar parte del paisaje político: una medición de Enkoll para El Universal registró 60 por ciento de aprobación para la gobernadora y, en un escenario de diputaciones federales, colocó a Morena con 52 por ciento de la preferencia efectiva. No es una elección inmediata, pero tampoco es una política lejana.

Por eso, la segunda mitad del sexenio tendrá una particularidad: cada obra, cada programa y cada resultado serán observados también bajo el prisma de 2027. Ahí estará el verdadero desafío.

Porque una obra monumental puede cambiar el paisaje de una región, pero gobernar el Edomex implica algo mucho más difícil: que la transformación llegue también a los municipios que no aparecen todos los días en los anuncios.

El Edomex que viene no se medirá solamente por kilómetros de pavimento, puentes, hospitales o dinero invertido. Tampoco por una encuesta.

Se medirá en algo mucho más sencillo y mucho más difícil de maquillar: si un mexiquense puede mirar su calle, su colonia, su municipio y decir que las cosas realmente cambiaron.

El 30 de septiembre habrá un informe sobre los primeros tres años. Pero también comenzará, de manera inevitable, la disputa por el relato de los tres que faltan.

Y entre obras, resultados, partidos y elecciones, empezará a definirse algo más grande: el Edomex que viene.

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