Miguel Ángel Ramos

Edomex quiere meter gol en el Mundial

MexiquenSer

El Estado de México no aparece en el calendario de partidos del Mundial. No tendrá estadio oficial. Pero sí algo más difícil de medir: será una de las principales puertas de entrada, tránsito y experiencia de millones de personas que vivirán la Copa del Mundo sin necesariamente pisar una cancha.

El flujo empieza antes del estadio. Y en el Edomex empieza en el aire. El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) se ha convertido en pieza estratégica. Desde ahí han comenzado rutas logísticas y traslados vinculados al ambiente mundialista, incluido el arranque en territorio mexiquense del recorrido nacional del trofeo de la FIFA, como parte de las actividades previas al torneo.

La apuesta no es menor: el discurso oficial lo ha colocado como un nodo de conexión hacia la Ciudad de México y corredores turísticos del centro del país, reforzado por su integración con nuevas rutas ferroviarias y carreteras metropolitanas.

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El mensaje es claro: el Mundial empieza en la logística. Y ahí entra otra pieza clave del rompecabezas mexiquense: el Periférico Norte.

Durante años fue sinónimo de tráfico crónico y desgaste. Hace unos días el gobierno estatal concluyó la reconstrucción de sus 108 kilómetros que significan una conexión entre municipios como Naucalpan, Tlalnepantla, Cuautitlán Izcalli y Tepotzotlán, con la zona metropolitana y las salidas hacia el AIFA.

La obra no es solo estética. Forma parte de una red de movilidad que busca reducir tiempos de traslado en una zona donde circulan diariamente cientos de miles de vehículos y donde cualquier saturación puede colapsar la experiencia de visitantes internacionales.

En términos simples: si el Mundial es una experiencia global, el Edomex quiere que no empiece con caos vial.

Pero el proyecto más ambicioso no está en el concreto ni en el asfalto. Está en la narrativa. Se llama "Estadio de México. Un Destino Futbolero", una estrategia turística que busca convertir al territorio en una extensión simbólica del Mundial. La idea: que el estado no sea solo paso, sino experiencia.

El plan incluye rutas turísticas, activaciones culturales, gastronomía, eventos públicos y la promoción de los 12 Pueblos Mágicos como puntos de atracción para visitantes nacionales y extranjeros.

En esa lógica, el Edomex se vuelve un "estadio expandido" sin gradas ni césped, pero con plazas públicas, centros históricos y pantallas gigantes. Se trata de

convertirse en el espacio donde el Mundial se viva sin boleto. Desde el aeropuerto, en el camino a la ciudad y para quienes se detengan en un municipio mexiquense donde el partido se vea en una pantalla pública.

El Mundial, en ese sentido, deja de ser un evento deportivo para convertirse en un fenómeno territorial.

Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿el Edomex está construyendo infraestructura para el Mundial... o el Mundial está revelando la infraestructura que siempre debió existir?

Lo cierto es que el Estado de México ya juega su propio encuentro. Uno sin marcador, pero con millones de desplazamientos, decisiones de movilidad, turismo y experiencia urbana en juego.

Porque a veces, en el futbol -como en la ciudad- no gana quien mete el gol, sino quien logra que todo funcione alrededor del partido.

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