Delfina Gómez no sólo rindió cuentas. También dejó claro de qué lado está la transformación en el inicio del proceso electoral.
Hay discursos que sirven para informar y otros que, además, buscan decir algo entre líneas. El Tercer Informe de gobierno pertenece a los segundos.
Sobre el escenario estuvieron las cifras: obras, inversión, agua, seguridad, salud, educación. Pero debajo de los números apareció otro mensaje, menos administrativo y mucho más político: el gobierno del Estado de México no se presenta como una administración aislada, sino como parte de un proyecto nacional encabezado por Claudia Sheinbaum.
Los números del lenguaje lo dejan ver.
Claudia Sheinbaum aparece o es aludida al menos 15 veces: seis por su nombre y nueve mediante expresiones como “nuestra Presidenta”, “la Presidenta” o “querida Presidenta”. Andrés Manuel López Obrador, en contraste, aparece una sola vez por su nombre.
La diferencia no parece menor.
López Obrador aparece como origen de una convicción: “primero los pobres”. Sheinbaum, en cambio, aparece como la continuidad presente de esa ruta. Es ella a quien Delfina vincula con el Plan Integral de la Zona Oriente, con las acciones en educación y seguridad, con las inversiones y con buena parte de los compromisos que habrán de marcar la segunda mitad del sexenio.
Y no es solamente una cuestión de nombres. “Gobierno de México” aparece 10 veces y “Gobierno federal” otras tres. “Coordinación”, 12. Y esa palabra se repite precisamente donde el discurso quiere acreditar resultados: agua, educación, salud, seguridad y desarrollo de la Zona Oriente.
El mensaje parece construido así: los resultados son estatales, pero también son producto de un equipo.
Y ahí está quizá la clave política del informe.
Ante la presidenta de su partido a nivel nacional, Ariadna Montiel; un expresidente del mismo, Mario Delgado, como representante personal de la Presidenta, Delfina acreditó resultados, pero también pertenencia. Pertenecía a una estructura política y administrativa que tiene en Sheinbaum su referente nacional.
Por eso el discurso avanza en tres tiempos. Primero, presume lo realizado. Después, explica la coordinación que hizo posible buena parte de esos resultados. Finalmente, proyecta los siguientes tres años bajo una idea de continuidad.
“Poder de Servir”, “Poder de Cumplir”, “Año de las Obras”, “no hemos perdido el rumbo”, “no nos detendremos”.
No son solamente frases de campaña institucional. Funcionan como las palabras con las que la gobernadora intenta construir una identidad propia dentro de un proyecto político más amplio.
La paradoja es interesante: mientras más habla de obras y resultados propios, más subraya la existencia de un equipo nacional.
Y quizá esa fue la verdadera intención del informe. No sólo decir “esto hemos hecho”, sino también “esto somos y con quién lo estamos haciendo”.
Quizá por eso el dato más importante del informe no esté en una cifra de inversión ni en el número de obras. Está en la arquitectura del discurso.
Delfina no sólo habló de los tres años que lleva gobernando. Habló del proyecto en el que inscribe los tres que le quedan.
Y esos tres años desembocan, inevitablemente, en 2027, el año de la elección.
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