El inicio de año sin duda, empezó fuerte, no sólo con el movimiento de la tierra que nos demostró la eficiencia y firmeza con que la alerta sísmica está determinada a poner a salvo nuestras vidas, sino con la zozobra de lo que sucederá en materia internacionales, la acción de intervención de Estados Unidos sobre Venezuela y los impactos que esto traerá en la economía y la realidad nacional.

El sentir cálido de las fiestas decembrinas y las reuniones familiares poco a poco van cediendo espacio a la realidad que todos los días vivimos como mexicanos, el regreso a la cotidianidad y el trajín diario, sin embargo, el arranque de un nuevo año, representa también una oportunidad: la de replantear prioridades, redefinir estrategias y asumir con seriedad los retos que vienen.

El 2026 se vislumbra ante nosotros como un cuaderno en blanco, una oportunidad de escribir nuevas historias y de hacerlo a partir de la construcción de acuerdos, de una economía positiva, de certeza, legalidad, de realidades que van más allá de las cifras y nos permitan vivir de mejor manera.

A lo largo de los últimos meses se han dado a conocer en repetidas ocasiones reportes que destacan la disminución de casos de violencia y asesinatos en nuestro país, la reducción en los índices de robo de vehículos y mercancías y el combate a grupos organizados de la delincuencia.

Este 2026 uno de los grandes retos es convertir dichos números en vivencias, en confianza, en percepción de crecimiento económico, en mejores carreteras, en medicamentos y servicios de salud suficientes y asequibles, el gran reto es, pasar de los informes a las realidades que enfrentamos todos los días, permitir que cada miembro de este país viva en el día a día los resultados anunciados.

El reto es grande, porque el rezago también lo es, sin embargo, la disposición está, los mexicanos nos caracterizamos por el optimismo, por las ganas de crecer, por la determinación por construir, por la entereza que mostramos para decir “si se puede” cuando todo parece indicar que no, por hacer posible lo que se vislumbra como inalcanzable.

Este año, sin duda será determinante para construir los acuerdos y materializar los proyectos que se han planteado desde el Gobierno Federal a partir del Plan México.

No es un tema menor, se trata de proyectos en buena parte del país de gran impacto, como trenes, puertos, aeropuertos, el relanzamiento de la política industrial a nivel nacional y el fortalecimiento de sectores estratégicos en buena parte de la economía.

Y es que no se trata sólo de planes, sino de los recursos que estos incluyen, más de 350 mil 000 millones de dólares en inversión, una cifra que tiene muchos, muchos años que

nos vemos en el país y que para conseguirla se requieren niveles de crecimiento de al menos dos dígitos.

Hoy existe disposición, apertura y voluntad de trabajo. Lo que sigue es definir con claridad el rumbo, fortalecer el diálogo y asumir, desde todos los sectores, la corresponsabilidad que implica convertir el potencial en resultados. El 2026 no puede ser sólo un año de expectativas; debe ser el año en que el discurso se convierta en realidad.

Siempre es un gusto leernos de nuevo

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