"Junto a la excelencia viene el reconocimiento", decía William Mackpeace y pocas frases describen mejor el sentido de reconocer a quienes, en tiempos complejos, han decidido no solamente permanecer, sino avanzar.
Hoy, en el mundo, hacer empresa representa un enorme desafío, las condiciones económicas son un riesgo permanente para los capitales; cada cambio en las reglas del juego implica un salto de fe.
Las reformas, las interrupciones en los procesos productivos, los retos en infraestructura, la llegada de nuevas tecnologías y, en algunos casos, los mensajes inciertos obligan a quienes toman decisiones empresariales a navegar en aguas complejas.
Por eso, ser empresario es, todos los días, un acto de valentía. No sólo por la responsabilidad de cuidar el patrimonio propio, sino por todo lo que existe detrás de cada decisión: empleos, familias, proyectos de vida y la posibilidad para miles de colaboradores de satisfacer sus necesidades básicas.
En los últimos dos años, más de 40 mil patrones se dieron de baja del registro del Instituto Mexicano del Seguro Social, un reflejo claro de que las cosas no siempre caminan hacia adelante. Detrás de cada baja hay una historia, una decisión complicada y, en muchos casos, un proyecto que no pudo continuar.
Por eso, quienes permanecen lo hacen con una profunda convicción: mejorar su entorno, generar riqueza, crear oportunidades e impactar a una comunidad, a un Estado y a un país.
Esta semana, desde CONCAEM, desarrollamos un ejercicio sumamente valioso, pero, además, profundamente significativo.
Por tercera ocasión entregaremos el Galardón Empresarial CONCAEM, un acto pleno de reconocimiento a todas aquellas empresas, personas y colaboradores que no sólo siguen confiando en México, sino que lo hacen a través de la excelencia.
En México, cerca del 80 por ciento de los empleos son generados por las unidades económicas del sector privado. Empresas que confían y valoran el esfuerzo y
talento de los mexicanos, pero que además lo hacen desde valores profundamente arraigados: la responsabilidad, la sustentabilidad, la inclusión laboral, la visión global y de futuro, el servicio de excelencia, la cultura y el arraigo a la tierra.
Este ejercicio me llena de orgullo. No solo porque se trata de un reconocimiento entre pares, sino porque permite visibilizar los esfuerzos, retos y oportunidades que se han construido a lo largo del último año.
El proceso de selección fue muy complicado. El Estado de México está lleno de talento; las historias de éxito, perseverancia y resistencia son innumerables. Nuestra tierra está llena de esfuerzos que mantienen de pie a la economía y muchas veces, no aparecen en los grandes titulares, pero son indispensables para que nuestra comunidad siga avanzando.
Desde los actores inmobiliarios y de la construcción a los negocios de mostrador... los grandes parques industriales, así como las pequeñas unidades económicas insertadas en el sur del Estado de México: todos generan valor e impactan positivamente en su entorno. Son ellos una fuente clara para abatir la pobreza, ampliar las oportunidades e impactar la inseguridad en nuestra tierra.
Por eso reconoceremos a quienes generan un empleo y también a quienes generan miles. Lo haremos con el aval y la mirada de quienes han pasado por circunstancias similares; sorteado retos, enfrentado incertidumbre y, no sólo siguen en pie, sino continúan generando valor. El Estado de México tiene más de 800 mil unidades económicas, una fuerza productiva del tamaño de nuestra importancia en el escenario nacional.
No podemos reconocerlas a todas en una sola noche. Ni siquiera conocemos la historia completa de cada una, pero sí podemos decir, a partir de este honesto ejercicio de reconocimiento, que las vemos, las acompañamos, compartimos sus retos y entendemos su lucha. Porque liderar una empresa no significa únicamente administrar recursos o alcanzar resultados, significa asumir la responsabilidad de abrir caminos cuando el entorno parece cerrarlos.
Reconocer la excelencia empresarial es también reconocer la valentía sabiendo que el verdadero reconocimiento no viene de una medalla, sino del orgullo de haber dado lo mejor.
Este galardón representa algo más profundo que un premio: representa un mensaje.
A quienes todos los días levantan la cortina, abren una planta, ponen en marcha una máquina, atienden a un cliente, generan un empleo, pagan una nómina y vuelven a apostar por México, queremos decirles algo muy sencillo:
Los vemos. Valoramos su esfuerzo. Compartimos sus retos y reconocemos su valentía para seguir construyendo.
Porque junto a la excelencia inevitablemente, viene el reconocimiento.
Nos leemos la siguiente
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