Martha González

Toluca se hunde

Desde la Trinchera

Toluca no puede tapar con tierra un problema que ya se abrió en el suelo. Los socavones, hundimientos, grietas y huecos que han aparecido en distintos puntos de la ciudad dejaron de ser un asunto menor o una simple colección de incidentes aislados. Son una señal de alerta sobre el estado de la infraestructura urbana.

La respuesta inicial del ayuntamiento fue desafortunada. En lugar de asumir la inquietud social, explicar qué estaba ocurriendo y presentar datos oportunos, se optó por descalificar las denuncias como mentiras e incluso por insinuar que la oposición pretendía utilizar el tema con fines políticos. Esa reacción terminó alimentando la sospecha.

Y es que cuando una calle se hunde, cuando aparece una grieta o cuando el pavimento cede, el problema deja de pertenecer a un partido y se convierte en una preocupación de todos.

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La verdad es que las elecciones no pueden ser el argumento para minimizar una advertencia urbana. Si algún grupo político intenta sacar provecho del asunto, que lo haga bajo su propia responsabilidad; al gobierno municipal le corresponde algo mucho más serio: investigar, informar y corregir.

La ciudadanía no necesita discursos defensivos, sino diagnósticos técnicos que expliquen dónde están los puntos de riesgo, qué los provoca y cuánto costará atenderlos.

También sería un error esperar a que un hundimiento se convierta en accidente para reaccionar. Obras Públicas tendría que mantener una vigilancia mucho más rigurosa sobre calles, drenajes, colectores y cualquier infraestructura que pueda comprometer la estabilidad del terreno. No basta con reparar el pavimento después del daño. Hay que revisar lo que está debajo, identificar fallas y establecer un programa permanente de mantenimiento preventivo.

Toluca enfrenta además una ciudad que creció sin que siempre existiera la planeación necesaria para acompañar ese crecimiento. Por eso cada nuevo hundimiento debería servir para revisar permisos, obras y condiciones del subsuelo, no solamente para rellenar el agujero y seguir adelante. Una ciudad responsable aprende de sus fallas; una administración improvisada las maquilla.

El ayuntamiento todavía está a tiempo de cambiar el tono. Puede convertir la presión social en una oportunidad para transparentar información, convocar a especialistas y elaborar un mapa público de riesgos. Eso sería mucho más útil que pelear con quienes cuestionan.

El futuro de Toluca no puede quedar a merced de ocurrencias, reparaciones de emergencia ni cálculos electorales. Cada grieta es una advertencia; cada socavón, una pregunta pendiente. Gobernar también significa mirar debajo de la superficie. Y si las autoridades quieren cuidar la ciudad, deberán demostrarlo antes de que el suelo vuelva a hablar con mayor fuerza.

La última trinchera

Dicen que a río revuelto…

Los cálculos electorales de los grupos internos de Morena van muy mal y al final de cuentas no van a ser útiles para nadie, más que para la oposición.

Alguien debería explicarles que alcanza para pocos espacios en cada municipio, les resultaría más adecuado sumar fuerzas.

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