El informe presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum no fue únicamente un ejercicio de rendición de cuentas. También se convirtió en una demostración de fuerza política y respaldo social.

Las imágenes del Monumento a la Revolución abarrotado, con decenas miles de simpatizantes siguiendo el mensaje presidencial, se replicaron en plazas públicas de prácticamente todo el país. Salvo en la entidad inmersa en proceso electoral, la movilización mostró una capacidad de convocatoria que pocos gobiernos han logrado sostener.

El discurso recorrió los principales indicadores económicos, sociales y de infraestructura. Sin embargo, uno de los apartados que más llama la atención fue el relacionado con la movilidad. Ahí parece encontrarse una de las apuestas más ambiciosas del sexenio. La ampliación y modernización de sistemas ferroviarios, el impulso al transporte masivo y la recuperación del tren como herramienta estratégica de integración regional podrían convertirse en una de las huellas más visibles de esta administración.

La continuidad de proyectos como el Tren Interurbano México-Toluca, la expansión de líneas de transporte público, corredores de Metrobús y la construcción de nuevas rutas ferroviarias para pasajeros forman parte de una visión que busca reducir tiempos de traslado, estimular economías regionales y conectar zonas históricamente rezagadas. No se trata de obras menores. Son inversiones multimillonarias que tendrán efectos durante décadas.

En materia social, Sheinbaum destacó recursos que superan los 850 mil millones de pesos destinados a programas de bienestar. Pensiones para adultos mayores, apoyos a personas con discapacidad, becas educativas y programas dirigidos a mujeres representan una de las mayores bolsas de gasto social en la historia reciente del país. Los números son contundentes y explican, en parte, la conexión política que mantiene el proyecto gubernamental con amplios sectores de la población.

Pero quizá el momento más significativo del mensaje fue el político. La presidenta cerró filas en defensa de la soberanía nacional frente a las reiteradas declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha insistido en plantear escenarios de intervención directa en territorio mexicano bajo el argumento del combate al crimen organizado. La respuesta presidencial fue firme y encontró eco entre sus seguidores.

La discusión, sin embargo, merece una reflexión más profunda. En una democracia es legítimo cuestionar al gobierno, señalar errores e incluso exigir cambios de rumbo. Lo que resulta más difícil de justificar es la postura de algunos sectores opositores que parecen ver con simpatía o conveniencia las presiones externas sobre México. La historia demuestra que ninguna intervención extranjera llega para resolver disputas internas ni para fortalecer instituciones nacionales.

La pregunta es inevitable: ¿quién ganaría si prosperara una intromisión de esa naturaleza? Difícilmente la oposición. Tampoco el gobierno. Mucho menos los ciudadanos. La experiencia internacional muestra que cuando una nación cede espacios de soberanía por conflictos políticos domésticos, los costos terminan distribuyéndose entre toda la sociedad. Por eso el debate no debería centrarse en quién obtiene ventaja electoral, sino en la defensa de principios que trascienden partidos y coyunturas.

Sheinbaum aprovechó el informe para mostrar resultados, consolidar liderazgo y enviar mensajes hacia dentro y hacia fuera del país. La magnitud de las obras y la dimensión de los programas sociales son elementos sujetos al escrutinio público. Pero la defensa de la soberanía, más allá de simpatías partidistas, sigue siendo un terreno donde la responsabilidad política exige prudencia y visión de Estado.

La última trinchera

En el Estado de México, el discurso de la gobernadora Delfina Gómez le faltó un poco de sustancia.

Lo cierto es que es mucho lo que el gobierno federal ha aportado en recursos, obras, proyectos y activación en materia de seguridad.

Un poco más de precisión no hubiera caído mal. Por cierto, ¿por qué habrá elegido Tlalnepantla y no Toluca?

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