Ha pasado ya el primer año de las actuales administraciones municipales en el Estado de México y, francamente, el balance deja un sabor tibio, casi amargo. Un año completo y, salvo contadas excepciones, no hay grandes historias que contar.

Ni obras emblemáticas, ni giros audaces, ni esa sensación de que algo empezó a moverse de verdad en los municipios. Más bien, lo que ha dominado la conversación pública han sido los escándalos: malos manejos, detenciones de funcionarios, pleitos internos, abusos de poder, errores de primaria en cabildo y episodios de franca torpeza política que rayan en lo inverosímil.

La verdad es que muchos ayuntamientos parecen haber llegado al gobierno sin un mapa y sin brújula. Y es que no todo puede explicarse por la falta de recursos, aunque claro que pesa. Sin dinero para obra pública, sin margen para programas sociales propios y con deudas heredadas, gobernar se vuelve cuesta arriba.

Pero además de la escasez, se ha notado el desorden. Gente que no tiene experiencia en la administración pública. Funcionarios que no conocen ni los procedimientos básicos. Presidentes municipales que confunden el cargo con una cuenta personal de Instagram o, peor aún, con un botín político.

Ahí están los ejemplos que se comentan en voz baja en cafés y mercados: directores que duran semanas porque "no dieron el ancho", tesoreros improvisados, policías municipales sin rumbo claro, obras mal planeadas que se anuncian con bombo y platillo y luego se quedan como esqueletos de concreto. Y es que gobernar un municipio no es un ensayo general. No hay segunda toma.

Además, se nota la ausencia de algo que no se compra con presupuesto: la mística de servicio. Esa convicción íntima de que el cargo es para resolver problemas reales, no para acumular poder o favores. En muchos casos, parece que el puesto les quedó grande, como traje prestado.

Con este panorama, no sorprende que ya empiece a hablarse, y en serio, de la reelección y de los posibles relevos en las alcaldías. Porque si así fue el primer año, la pregunta incómoda flota en el aire: ¿de verdad merecen otros tres? Morena, que gobierna la mayoría de los municipios, tiene aquí una prueba de fuego. Tendrá que pensar mejor a quién candidatea. No basta con la marca ni con la lealtad partidista. Hace falta oficio, carácter y un mínimo de sensibilidad social.

Y para aderezar este escenario, la gobernadora Delfina Gómez ha dicho que este será el año de la obra pública. Eso cambia el tablero. Porque si llegan recursos y proyectos, ya no habrá tantas excusas. Se verá con claridad quién sabe gobernar y quién sólo sabe posar para la foto.

Así que sí, este va a ser un año interesante. Mucha política por delante, muchas cuentas que rendir y, ojalá, menos escándalos y más resultados. Porque al final, y es que no hay que olvidarlo, los municipios no son un trampolín electoral: son el primer rostro del gobierno para millones de mexiquenses. Y ese rostro, hoy por hoy, luce cansado y desordenado.

La última trinchera

Sigue la historia en El Oro, con escándalo y desorden vivido, se espera que por fin se logre la santa paz. Resulta que la intervención de la Secretaría General de Gobierno los mandó a ponerse de acuerdo -alcaldesa y Cabildo- para gobernar como se debe, y en esas andan.

Hubo acuerdos y al parecer la alcaldesa ha asumido la responsabilidad que le corresponde, así como la resolución del desorden que sembró. Veremos en unos meses.

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