En el Estado de México se vive una paradoja política que ya no sorprende, pero sí preocupa. Mientras Morena afina su maquinaria rumbo a las próximas elecciones locales, la oposición parece atrapada en el silencio, la indefinición y, peor aún, en la ausencia total de liderazgos visibles. No hay nombres que entusiasmen, no hay perfiles que convoquen, no hay figuras que generen conversación pública. El vacío es tan evidente que la verdadera disputa electoral hoy no está entre partidos, sino dentro del propio Morena.
La oposición, particularmente PRI y PAN, llega a este proceso con estructuras cansadas, discursos reciclados y una militancia que observa cómo las decisiones siguen tomándose en círculos cerrados. Durante años, estos partidos apostaron por las mismas élites, por los mismos apellidos, por los mismos liderazgos que se heredaban cargos como si fueran propiedades privadas. En ese camino dejaron fuera —o empujaron a la orilla— a quienes caminaron por las colonias, tocaron puertas, organizaron bases y sostuvieron al partido cuando no había reflectores ni presupuestos.
Hoy, cuando no hay cartas fuertes sobre la mesa, esos cuadros olvidados reaparecen como posibilidad. No porque el sistema haya cambiado, sino porque ya no hay de dónde escoger. Son liderazgos formados en la resistencia, sin padrinos políticos, sin grandes recursos, pero con trabajo acumulado y conocimiento real del territorio. La pregunta es si esta vez se les permitirá crecer o si volverán a ser utilizados y descartados.
Pero hay un tema que nadie quiere decir en voz alta y que pesa más que cualquier discurso: el dinero. En la política mexiquense, competir cuesta, y cuesta mucho. Sin financiamiento, sin respaldo económico, ningún liderazgo —por más legítimo que sea— puede sostener una campaña competitiva. Entonces surge la pregunta incómoda: ¿quién va a poner los recursos?, ¿quién está dispuesto a invertir en una oposición debilitada pero con espacio para reinventarse?
Porque, visto con frialdad, esta crisis también es una oportunidad. Para empresarios, grupos locales o actores sociales que entiendan que la política es, además de poder, una apuesta estratégica. Invertir hoy en nuevos liderazgos opositores podría significar no solo recuperar espacios perdidos, sino construir contrapesos reales en un estado donde el dominio de un solo partido empieza a normalizarse.
La oposición está contra el reloj. O se atreve a romper con sus viejas prácticas y apuesta por quienes nunca fueron parte de la élite, o seguirá viendo cómo otros deciden su futuro… incluso desde dentro de Morena.
La última trinchera
Si revisamos fríamente las cifras del resultado electoral, veremos que en efecto, ni PAN ni PRD aportaron a la alianza en la elección de gobernadora los suficientes votos para dar la batalla, ya no digamos para ganarle a Delfina Gómez.
Así las cosas, esta actitud tan insistente en proclamar por todo lo alto que van solos cada uno por separado es, por lo menos, suicida.
Incluso MC, que ciertamente tiende a crecer, se quedará muy por detrás, aún donde tenga posibilidades con candidatos fuertes.
Así las cosas, con el tiempo y el reacomodo de egos e ideas, frente a las cifras duras y frías ¿irán a re pensar aquello de ir solos por separado a la elección?
Síguenos en nuestras redes sociales:
Instagram:@eluniversaledomex, Facebook:El Universal Edomexy X:@Univ_Edomex

