Martha González

La promesa de los baches

Desde la trinchera

La semana pasada, Toluca fue escenario de una postal que explica mucho del poder mexiquense: Claudia Sheinbaum en el centro, Delfina Gómez a su lado y, alrededor, la clase política del estado buscando un lugar en la fotografía. Nadie brilló con fuerza propia. El formato pareció diseñado para diluir liderazgos: todos juntos y bajo el paraguas presidencial.

Sheinbaum llevó una larga lista de obras de infraestructura, movilidad, comunicaciones, salud y vivienda. Pero el anuncio que más ruido hizo fue otro: junto con Delfina Gómez, se comprometió a tapar todos los baches del Estado de México, todos.

Cuando una presidenta tiene que comprometerse públicamente con una tarea tan elemental como reparar calles, el mensaje duro, el problema ya no puede esconderse detrás de discursos ni inauguraciones.

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Y es que el bache se convirtió en una demanda ciudadana visible. Basta recorrer Toluca, Ecatepec, Naucalpan o Nezahualcóyotl. El pavimento se volvió una prueba. El ciudadano paga impuestos y reparaciones; recibe hoyos.

Aquí empieza la parte electoral. Desde la política se quiso vender el aumento de la preocupación por los baches como si la inseguridad hubiera dejado de importar. No es cierto. La ENCIG 2025 registró que 77.9% de los mexiquenses consideró la inseguridad y la delincuencia como el problema más importante de la entidad.

Que los baches aparezcan entre las principales preocupaciones no borra la inseguridad. Son indicadores distintos. Manipularlos para fabricar una buena noticia no mejora una sola calle.

Sheinbaum conoce el valor electoral de lo cotidiano. Un tren puede tardar años en construirse; un bache se encuentra camino al trabajo esta misma mañana. Una gran obra genera fotografías; una calle reparada, una experiencia directa. Por eso el compromiso tiene una lectura política evidente: atender aquello que la gente ve, padece y reclama todos los días, cuando el tablero electoral local comienza a calentarse.

Aquí no debería terminar la exigencia. Debería empezar. ¿Cuántos baches existen? ¿Cuántos se taparán? ¿En qué municipios? ¿Con qué presupuesto? ¿En qué fechas? ¿Quién auditará los avances? Si no hay respuestas, "vamos a tapar todos" corre el riesgo de convertirse en una frase electoral antes que en una política pública.

Y hay una pregunta todavía más incómoda: ¿basta con prometer para cosechar votos? La democracia debería exigir algo más. Los ciudadanos deberían exigir resultados comprobables.

Porque un bache no tiene partido. Pero una promesa incumplida sí puede tener consecuencias políticas. Si Sheinbaum y Delfina Gómez quieren convertir el asfalto en símbolo de eficacia, tendrán que aceptar una regla sencilla: cada calle reparada será un resultado; cada cráter abierto, una factura. Y esa factura llegará a las urnas.

La última trinchera

Las campañas adelantadas en el Estado de México se están convirtiendo en un tema central, a pesar de que hasta ahora habían pasado más o menos desapercibidas.

Tal vez se debe a que con el arranque oficial del proceso, se vuelve un asunto explotable políticamente. El caso es que existen flagrantes violaciones a la ley. Se espera que el Tribunal Electoral actúe conforme a derecho y aplique la ley.

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