La inauguración de las siete nuevas estaciones del ramal Lechería-Felipe Ángeles del Tren Suburbano marca algo más profundo que un acto protocolario.
Encabezada por Claudia Sheinbaum Pardo y por Delfina Gómez Álvarez, esta obra confirma una apuesta de fondo: reconstruir la movilidad pública con visión social, sentido de Estado y mirada de largo plazo.
La verdad es que México debió haber retomado hace décadas el camino ferroviario. Sin embargo, hoy comienza a corregirse esa deuda histórica. El rescate de trenes de pasajeros busca conectar ciudades, abaratar traslados y devolver dignidad al viaje cotidiano de millones de personas que durante años gastaron tiempo, dinero y energía en trayectos agotadores en autobuses con pésimo servicio y caminos amenazantes por la inseguridad.
Este nuevo servicio, operado públicamente mediante Banobras, tendrá trenes con capacidad para 719 pasajeros, 326 asientos, espacio para dos sillas de ruedas por vagón y salidas cada treinta minutos. No es un detalle menor: hablamos de transporte masivo, accesible y eficiente, pensado para quienes madrugan, trabajan lejos y sostienen, silenciosamente, la vida económica del Valle de México.
Además, el proyecto ferroviario nacional contempla rutas como México-Querétaro, Querétaro-Irapuato, Saltillo-Nuevo Laredo y el tren hacia Nogales, mientras en movilidad masiva avanzan el Trolebús Chalco-Santa Martha, la ampliación del Mexibús, nuevas líneas de Cablebús y corredores integrados en varias entidades.
Y es que cuando un país conecta mejor a su gente, también acerca empleo, educación, salud y esperanza.
El cambio de nombre de la terminal vinculada al aeropuerto Felipe Ángeles, incorporando la memoria de Clara Krauze, añade un gesto simbólico a una obra tangible. Comunidades enteras verán reducir distancias y abrirse oportunidades reales. Más allá de discursos, queda infraestructura útil. Ese, quizá, será el legado más hondo de Claudia Sheinbaum: mover al país, literalmente, hacia un horizonte más justo.
En el Estado de México ya existen señales claras de esa transformación: la modernización del Tren Interurbano El Insurgente, la conexión metropolitana con sistemas BRT y la integración tarifaria que comienza a discutirse muestran una lógica distinta. Ya no se trata de inaugurar obras aisladas, sino de tejer una red pública de alta capacidad. Eso cambia rutinas, reordena ciudades y devuelve horas de vida a miles de familias.
En tiempos donde abundan la prisa y el desencanto, ver una apuesta seria por la movilidad colectiva también despierta una emoción sencilla, pero poderosa: la confianza en que el desarrollo puede sentirse en la vida diaria. Hoy.
La última trinchera
Este fin de semana vimos otro tipo de movilidad social que también llama mucho la atención, con el cambio de estafeta a la cabeza del Colectivo 50+1.
La priísta Ana Lilia Herrera entregó la presidencia de esta organización a la diputada federal morenista Mónica Álvarez Nemer, en un claro guiño que seguramente tendrá colofón.
Este organismo agrupa a decenas de liderazgos femeninos de todos colores, pero que le eran fieles a la todavía priísta Herrera Anzaldo. Veremos como se mueve la historia de la eterna ex aspirante tricolor a la candidatura a la gubernatura, pero de entrada, Mónica Álvarez suma un buen capital político a Morena con 50+1. Los tiempos cambian.
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