Martha González

Estado protector o irresponsable

Desde la trinchera

El caso de Noelia Castillo sacude, incomoda, obliga a detenerse. Tenía 25 años. Fue víctima de una violación grupal en 2022; después, en un intento desesperado por terminar con ese dolor que no solo era físico, se arrojó desde un quinto piso. Sobrevivió, pero quedó parapléjica, con dolor neuropático constante, incontinencia y una dependencia total. A partir de ahí, su vida, como ella misma lo dijo, dejó de ser vida.

“Solo quiero dejar de sufrir”, expresó. No es una frase ligera. Es el resumen de una existencia rota en varios niveles. Y es aquí donde la discusión sobre la eutanasia deja de ser teórica. Se vuelve brutalmente concreta.

Su padre, que la había abandonado y nunca tuvo relación con ella, no se resignó. Recorrió tribunales, desde instancias locales hasta el Tribunal Constitucional, el Supremo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Argumentó problemas de salud mental, cuestionó si su hija estaba en condiciones de decidir. Pero todas las puertas se cerraron. La ley española permitió que el procedimiento avanzara. Y es que, desde la norma, se cumplían los criterios.

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Pero, alrededor, el mundo entero lo planteaba sin rodeos: antes de autorizar la muerte, el Estado tendría que demostrar que agotó la vida. Y la verdad es que ahí está el punto incómodo. ¿Se puede afirmar que se ofreció todo? Atención psicológica constante, tratamiento psiquiátrico integral, acompañamiento emocional sostenido, incluso contención espiritual. No como protocolo, sino como proceso real.

Porque además, cuando una persona joven pide morir, la pregunta no es sólo médica. Es social. Es institucional. Es humana. Noelia no solo cargaba con un daño físico irreversible; también con la violencia brutal que la originó. Y es que su historia comienza con un delito atroz, no con una enfermedad.

Hay un argumento que pesa: una persona en desgracia, marcada por el abandono, médico, institucional, incluso familiar en muchos casos, no debería ser conducida tan pronto hacia el suicidio asistido. Primero habría que reconstruir, acompañar, intentar. Porque la evidencia internacional muestra que, en contextos de atención integral, algunos pacientes cambian su decisión inicial.

En México, este debate se vuelve aún más delicado. Con menos de tres psiquiatras por cada 100 mil habitantes y sistemas de salud fragmentados, pensar en un Estado que decida sobre la vida y la muerte genera más dudas que certezas. ¿Podemos confiar en esa capacidad?

Noelia murió ya. Y más allá de juicios simplistas, queda una inquietud profunda: cuando el Estado avala la muerte, ¿lo hace desde la compasión… o desde la incapacidad de garantizar una vida digna?

La última trinchera

La presidenta Claudia Sheinbaum al final logró avanzar con la Reforma electoral, pero quedan varios pendientes.

De entrada, su propuesta, aún disminuida, afecta fuertemente los presupuestos electorales, con lo que se complican los próximos comicios, que serán enormes.

Habrá mucho que discutir en los próximos días, pero de entrada, Morena habrá de repensar los equilibrios internos de la alianza con PT y Verde, porque el apoyo no fue el comprometido. Veremos.

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