Martha González

El tigre de Movilidad

Desde la trinchera

Dicen que hay cargos públicos que no se buscan, sino que se padecen. Y el reciente nombramiento del nuevo secretario de Movilidad del Estado de México cae, sin exagerar, en esa categoría incómoda conocida como “ganarse la rifa del tigre”. Juan Hugo de la Rosa recibe una dependencia cargada de pendientes, inercias añejas y un sector que, desde hace años, se mueve más por costumbre y presión que por reglas claras.

La movilidad mexiquense es un rompecabezas mal armado. Hay proyectos en marcha, otros anunciados con entusiasmo y algunos más que apenas asoman en el papel. Todo eso suena bien, incluso necesario. Pero la realidad cotidiana es otra: microbuses que rechinan al frenar, camiones que lanzan humo negro como si fuera parte del paisaje, combis rebasando por la derecha, moto taxis sin regulación clara y bici taxis circulando entre la improvisación y el vacío legal. La verdad es que el desorden no solo se ve, se respira… literalmente.

Además, no se trata solo de movilidad. Ahí se cruzan problemas más profundos: contaminación que enferma, inseguridad que asusta y un caos vial que roba tiempo, paciencia y, a veces, la dignidad de los usuarios. Para millones de mexiquenses, el transporte público no es una opción, es una condena diaria. Madrugar para alcanzar asiento, viajar de pie en unidades saturadas, encomendarse al frenar en seco. Una rutina normalizada que, vista con calma, resulta inaceptable.

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Y es que poner orden en este sector implica tocar intereses muy viejos. Líneas transportistas que han operado durante décadas bajo esquemas opacos, concesiones heredadas, liderazgos que no suelen ceder terreno fácilmente. No es un reto menor. Es más bien como intentar enderezar un árbol torcido desde la raíz, sabiendo que cada movimiento genera resistencia.

Por eso, la pregunta flota en el ambiente, incómoda pero necesaria: ¿será que ahora sí alguien se atreverá a poner orden? ¿Habrá voluntad política para modernizar, regular, retirar unidades obsoletas y profesionalizar el servicio? Porque proyectos de movilidad sin control del transporte tradicional son como construir un segundo piso sobre cimientos agrietados.

Juan Hugo de la Rosa no llega a una oficina tranquila. Llega a un campo minado donde cada decisión pesa y cada omisión se paga caro. El reto es enorme, casi ingrato. Pero también es una oportunidad rara, de esas que no se presentan seguido. Si logra avanzar, aunque sea un poco, millones lo van a notar. Y si no, el tigre, ese que ya ruge desde la jaula, no va a tardar en recordarnos por qué nadie quería ganar esta rifa.

La última trinchera

En El Oro la cosa está que arde, cada día peor y la alcaldesa Juana Elizabeth Díaz Peñaloza parece no enterarse de que tiene a su municipio al borde del caos.

La semana pasada, con el cierre del rastro municipal, locatarios arrojaron vísceras y restos animales medio podridos a la vía pública, pero ese fue el punto de quiebre luego de un año de terror que terminó con fiestas navideñas en la penumbra -no había energía eléctrica-.

Para colmo, el tesorero acusa que la presidenta municipal se hizo con el control de las cuentas y ahora dispone de manera personal de los recursos que corresponden al ayuntamiento.

Ya el año pasado los diputados y demás autoridades estatales dejaron pasar la ocasión de intervenir en este desastre, ni Morena reconvino a su alcaldesa. ¿Será que se va a seguir por la libre, como si nada?

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