Estamos en febrero. El Mundial arranca en junio. Haga cuentas: marzo, abril, mayonesa... noventa días, si acaso. Y apenas ahora la Secretaría de Cultura y Turismo anunciará la estrategia, pero, sin la Iniciativa Privada.
La verdad es que una estrategia no se improvisa; se cocina a fuego lento, se prueba, se corrige y se ejecuta con tiempo. En cualquier negocio —desde una fondita hasta una cadena hotelera— si llegas tarde, llegas perdiendo.
No es pesimismo, es sentido común. Si queremos que el Mundial sea un detonante real de ventas, empleo y posicionamiento, la planeación debió arrancar mucho antes. Y es que las inversiones no se deciden en dos meses. Nadie renta un local, remodela, contrata personal y arma una campaña de la noche a la mañana.
Ahí está el ejemplo del tren interurbano. Una obra necesaria, valiente, que muchos celebramos. Por momentos pensamos que no se terminaría jamás. Al final, se logró. Y sí, traerá derrama económica. Pero como nunca supimos con certeza cuándo estaría listo, la inversión alrededor de las estaciones fue tímida, dispersa, cuando bien nos va. Hoy vemos locales improvisados, informalidad creciendo, en gran medida una oportunidad que pudo haberse capitalizado mejor. No teníamos claro el calendario y, sin calendario, no hay estrategia que aguante.
Con el Mundial puede pasar algo parecido. Nos emociona la idea —cómo no—, pero si no sabemos exactamente qué viene, cuánto y por dónde, la "marabunta" nos puede rebasar. Desde la movilidad hasta el orden urbano, todo debió preverse. Se habló de aprovechar bajo puentes, de replicar modelos de la Ciudad de México con corredores comerciales bien pensados. ¿En qué quedó? El silencio también comunica.
Desde la Cámara restaurantera, por ejemplo, para el mundial, ya se está trabajando un QR con una guía para ver el Mundial en el Valle de Toluca.
Christian Muñoz, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados, CANIRAC, Valle de Toluca, encabeza este esfuerzo de un "mundial restaurantero". Suena sencillo, pero implica organizar datos, sumar negocios, diseñar una herramienta útil que, además, se quede permanente.
Porque ese es otro punto: no hacer proyectos desechables, sino dejar infraestructura comercial que perdure. Hoy, increíblemente, no existe una guía integral de restaurantes de la capital mexicana. ¿Cómo es posible?
Esa iniciativa es valiosa. Activa ventas, orienta visitantes, fortalece marca ciudad. Pero es una estrategia aislada. Y aquí es donde duele un poco: hubo una reunión intermunicipal en el aeropuerto de Toluca para hablar del Mundial... Sin el sector económico. Sin quienes, al final, generan empleo, pagan impuestos y sostienen la actividad productiva. El gobierno no crea riqueza, no es su función; su papel es articular, coordinar, facilitar. Si no convoca a empresarios y liderazgos económicos, el mensaje es de esfuerzos fragmentados.
No se trata de competir por la foto ni por el crédito. Se trata de sumar. Articular. Hacer que el Mundial -y otros proyectos- no sea solo un evento efímero, sino una plataforma de desarrollo. Aún estamos a tiempo, sí. Pero el reloj corre. Y en noventa días no se construye una visión; apenas se alcanza a reaccionar.
La última trinchera
Todavía hay inquietud en el gabinete estatal, aún huele a cambios, movimientos y transformaciones, no es momento de acomodarse y dejar pasar el tiempo. No son tiempos de amiguismos e influencias.
Hay que recordar que hoy las cosas se hacen de otra manera y la gobernadora Delfina Gómez tiene su propia agenda, que avanza con pasos firmeza.
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