El próximo 21 de marzo se conmemora el natalicio de Benito Juárez. La narrativa socioeducativa del Benemérito de las Américas, y la de otros personajes, ha estado marcada por lo que el historiador Daniel Cosío llamó la “historia de bronce”: una forma de relato que convierte a los protagonistas del pasado en figuras hechas para la veneración patriótica y no para la comprensión crítica de su tiempo.
Mediante esta visión, el sistema educativo mexicano ha contado a la población quiénes fueron esos héroes que “nos dieron patria”. Su propósito es nutrir la identidad nacional. Desde mediados del siglo XX, tales episodios están remarcados con filmes, radionovelas, telenovelas, series, crónicas o documentales.
La historia de bronce esculpe a un semidiós, héroe, superhombre, heroína o supermujer, cuyo etéreo alimento fue “alcanzar sus ideales patriotas o de justicia”. Estas cualidades son confrontadas con uno o más enemigos(as), quienes maleficamente querían afectar los intereses de la patria o del país.
Habrá que recordar que este emblemático jurista, con 37 años cumplidos, se casó con Margarita Maza Parada, una joven de apenas 17 años. El suegro de Juárez accedió a la unión con la condición de que el notable abogado no volviera a ver a las dos mujeres indígenas con quienes, sin matrimonio de por medio, había procreado a una niña (Susana) y a un varón (Tereso). Juárez aceptó aquel arreglo, propio de aquellas convenciones patriarcales. No debe olvidarse que el maduro jurista también ingresaba, mediante ese matrimonio, a una familia de mayor posición social, la de los Maza Parada.
Aquel abogado guelataoense fue regidor, juez de lo civil, diputado local, gobernador interino y constitucional de Oaxaca. Poco después, titular de la Suprema Corte de Justicia. Pudo sentarse en la silla presidencial por primera vez, gracias a que la Constitución de 1857 disponía que, en caso de ausencia del titular del Poder Ejecutivo (Ignacio Comonfort), sería designado como presidente quien tuviese la titularidad en el Poder Judicial.
En cuanto Juárez probó las mieles del nuevo cargo, puso a trabajar la maquinaria electoral indirecta a su favor, así como a sus aliados en el Congreso de la Unión, para reelegirse en cuatro ocasiones seguidas: 1861, 1865, 1867 y 1871. Poca gente recuerda que la ciudadanía que participaba en esos procesos, de forma indirecta o directa, constituía una élite integrada únicamente por hombres alfabetizados y con poder económico. El sufragio femenino estaba muy lejos de formar parte de aquel escenario.
El coautor de las Leyes de Reforma quería mantenerse en la silla presidencial más de los 14 años que acumuló; se lo impidió en 1872 un infarto al miocardio. Si tal suceso no hubiese sobrevenido, él tenía planes de presentarse a elecciones en 1875 para continuar con su querencia por la silla. Como diría el filósofo y dramaturgo alemán Friedrich Schiller: el poder es la retórica más persuasiva.
Síguenos en nuestras redes sociales:
Instagram: @eluniversaledomex, Facebook: El Universal Edomex y X: @Univ_Edomex
























