Nunca antes la humanidad había producido, almacenado y consumido tantos datos como en la actualidad. Millones de transacciones financieras, interacciones digitales, búsquedas, mensajes, compras y desplazamientos generan, segundo a segundo, enormes volúmenes de información que hoy alimentan sistemas algorítmicos, plataformas digitales y herramientas de Inteligencia Artificial.

La automatización de servicios, el comercio electrónico, las plataformas digitales y los sistemas algorítmicos hoy articulan buena parte de la economía mundial. Millones de operaciones financieras, administrativas y comunicativas dependen crecientemente del procesamiento masivo de información digital.

Con estos progresos, es imposible no reconocer que en amplias áreas de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal), todavía prevalecen inercias burocráticas propias del siglo pasado. A diario somos testigos de que las cosas se siguen haciendo "a la antigüita". Es decir, con la vieja expresión de: "papelito habla". También suele suceder que el personal de gobierno responda con absoluta displicencia: sí, usted tiene que traer el documento.

Cuando un ciudadano(a) se atreve a pedir información detallada o desagregada a una dependencia pública, suelen responder, sin el menor conocimiento ni rubor que se trata de "información sensible". Si el solicitante aclara que no requiere ningún dato personal sobre dicho asunto o tema, sino únicamente cifras desagregadas por caso, recibe la misma negativa.

Mientras el teletrabajo, las reuniones virtuales de alta definición y el almacenamiento de datos en la nube se han convertido en prácticas habituales en el ámbito corporativo y empresarial, amplias áreas gubernamentales todavía se resisten a abandonar inercias burocráticas propias del siglo pasado.

Es claro que la Inteligencia Artificial (IA) continúa su avance, pero mucho de ese progreso se ha realizado a través del análisis de datos; la automatización de servicios y la comunicación entre seres humanos, entre máquinas y personas, así como entre máquinas, basados en redes neuronales.

Al respecto, el sociólogo Nick Couldry ha insistido en que las instituciones públicas de educación, los centros de investigación y el sector gubernamental deberían asumir que tienen la responsabilidad estratégica de contar con equipos propios de desarrollo tecnológico para montarse en esta ola transdigital e interactiva, a través del uso de herramientas de IA.

Ante la creciente datificación, cada día dependemos más de sistemas propios que sean capaces de producir, clasificar y gestionar enormes volúmenes de información digital. Es una pena, pero mientras el mundo avanza hacia la automatización inteligente, grandes áreas gubernamentales continúan atrapadas en la cultura del sello, la copia y el expediente físico.

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