Desde hace tiempo, la Universidad Autónoma del Estado de México aplica una escala evaluativa que permite recoger la opinión o valoración que hacen los estudiantes sobre el desempeño que estiman ha tenido cada uno (a) de sus docentes.
Con frecuencia, el alumnado espera que, si la mayoría del grupo evaluó desfavorablemente a un profesor, dicha persona no vuelva a impartir esa asignatura. Como tal situación no ocurre, los educandos se ven atrapados por el enojo, pues no comprenden cómo un académico, a su juicio reprobado por su deficiente desempeño, continúa en las aulas.
El espíritu de esa escala es incorporar la valoración del alumnado sobre el trabajo académico de sus catedráticos. Se busca retroalimentar al profesorado y que estos traten de mejorar la calidad de su trabajo. Lejos está la escala de operar como un elemento para rescindir contratos de empleo. Esta precisión no es menor, pues evita confundir un instrumento de retroalimentación académica con un mecanismo de sanción laboral.
La escala incluye seis reactivos autoevaluativos, seguidos de 27 más que buscan explorar: (1) cómo ha sido la planeación didáctica del docente; (2) qué tanto conoce el profesor la materia que ha impartido; (3) cómo ha sido la atención proporcionada a los escolares; (4) qué pericia didáctica ha mostrado el maestro(a) al promover el aprendizaje y (5) cómo se ha realizado la evaluación del curso. Este tipo de ejercicios, con alto valor para recuperar el punto de vista del estudiantado, no escapan de las arenas movedizas alimentadas por las emociones, así como la escondida conveniencia.
Sería deseable que la Secretaría Académica de la UAEMéx, además de actualizar dicha escala para incorporar aspectos que exige la nueva cognósfera, se diera a la tarea de hacer un análisis más fino acerca de la forma en que el estudiantado suele responder a esta escala.
Algunas interrogantes podrían ser: ¿Las o los estudiantes responden más a la escala de apreciación? ¿A mayor calificación del alumnado, mejor puntaje en la apreciación estudiantil? ¿A menor tamaño del grupo mejor valoración estudiantil? ¿La exigencia del académico(a) impacta en la apreciación estudiantil? ¿Los mejores puntajes en la apreciación proceden de asignaturas teóricas, prácticas o teórico-prácticas? ¿Las académicas o los académicos obtienen mejores puntajes en la apreciación estudiantil? ¿La edad del docente está vinculada al resultado en la apreciación estudiantil?
Estas preguntas revelan que la apreciación estudiantil no es un reflejo simple del desempeño docente, sino un fenómeno complejo atravesado por variables académicas, institucionales y emocionales. Por ello, sería deseable emprender un estudio de esta naturaleza. Comprender estas dinámicas no es un ejercicio académico menor: es una condición necesaria para mejorar la vida en las aulas y fortalecer la relación entre estudiantes, docentes e institución.
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