Al iniciar un nuevo año se hacen los clásicos “propósitos”: intenciones para mejorar, evitar caer en malos hábitos o eliminar alguno que nos está cobrando factura. Más allá de su efectividad o del (creo yo) bajo porcentaje de gente que los cumple, hay algunos que no debemos dejar pasar de largo como, por ejemplo, la lectura.

No es sólo abrir un libro por al menos 20 minutos o leer con propósitos educativos para pasar un examen, hay que hacerlo por placer. Seguramente existe por ahí, en este vasto mundo, un género o alguna autora o escritor que, prometo, va a volarles la cabeza.

Quiero recomendarles un tipo de ficción que ha crecido bastante y está en boga desde hace unos años, la literatura ergódica. Pero, en el nombre de todos los dioses, ¿qué es esto?, se preguntarán ustedes.

Está compuesta por dos palabras griegas: ἔργον (trabajo) y ὁδός (recorrido) y, según Espen J. Aarsethse (académico noruego, especializado en el estudio de los videojuegos y la literatura electrónica) se refiere a las obras que requieren un “esfuerzo relevante”. Es decir, no sigue la historia como comúnmente lo hacemos, ya que requiere de nuestro tiempo, esfuerzo y habilidades para leerla; por lo que cada uno tendrá una experiencia única.

En primer lugar, está La casa de hojas de Mark Danielewski, de la cual ya hablamos en esta columna. Dicho libraco, editado en el 2013 por Alpha Decay y Pálido Fuego, cuenta tres historias dentro de sus frías y blancas entrañas. Es un libro objeto con tipografías distintas que invaden las hojas en espiral, se desperdigan y cambian de color. Contiene tachaduras, secciones incompletas y desaparecidas, hasta llegar al punto de voltear el libro para proseguir la lectura. Hay notas a pie que nos hacen viajar entre las distintas secciones para observar fotos, dibujos y cartas en los apéndices incluidos. Por ello, la edición al español, traducida por Javier Calvo, se llevó la asombrosa cantidad de trece años en realizarse.

Les recomiendo otro chévere y muy particular, publicado en 2023 por Duomo Ediciones: S. también conocido como El barco de Teseo, una obra que nace de la imaginación del director J.J. Abrams, materializada en papel por Doug Dorst. La idea es la siguiente: fue escrito en Nueva York en 1949 por V. M. Straka, un autor del que poco se sabe, y se tradujo al español por F. X. Caldeira, quien agregó notas a pie de página para entender mejor la obra. Encuadernado en rústica, nos da la experiencia de haber sido sacado en préstamo de alguna biblioteca y se acompaña de notas de prensa, una carta, postales, una servilleta con un mapa y una especie de brújula. No lo dejen pasar, créanme.

También incluiré una novela gráfica preciosa: Fabricar Historias de Chris Ware. Aunque el relato propone descubrir la vida de los habitantes de un edificio de tres pisos, conforme “espiemos” a sus personajes, descubriremos la verdadera trama. El libro viene embalado en una caja de cartón, como si de un juego de mesa se tratara, con 14 impresos más, entre cuadernos, revistas, diarios y folletos.

No podemos olvidar Rayuela de Cortázar, que ya nos daba un par de distintas formas de llevar a cabo su lectura o la maravillosa novela Segundo Cuerpo de Milorad Pavic, que relata la historia de un vendedor de sueños del futuro, una serie de asesinatos y un detective que trata, como siempre, de resolverlos. Lo mejor es la libreta azul que acompaña la edición, donde el detective hace anotaciones y coloca sus pistas, así que debemos leer los ejemplares a la par para desentrañar el misterio.

Nos leemos entre laberintos y vuelcos de palabras.

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