Sin lugar a dudas, una de las franquicias más conocidas y adaptadas alrededor del mundo es El Mago de Oz. Con el paso del tiempo se ha convertido en parte de la cultura popular por lo que, la mayoría, ubicamos a Dorothy, el camino amarillo, los zapatos mágicos, o la Malvada Bruja del Este que termina hecha puré debajo de una casa.
De pequeño, cuando estudiaba la primaria, televisaban una caricatura basada en esta obra con una canción intro bastante pegajosa que, hasta el día de hoy, mi hermano y yo la recordamos. Decía algo así como: Dorita, es nuestro líder, Toto, es nuestra guía… ¡León, valiente y más!
Por aquel entonces (estamos hablando de 1987, más o menos) jamás había escuchado acerca de este libro, pero la serie nos encantaba y hacíamos hasta lo imposible por verla diariamente.
Para quien ha vivido en una cueva y no sabe qué o quién es el Mago de Oz, habrá que hacer un pequeño repaso sobre su historia: se trata de una novela fantástica escrita por Lyman Frank Baum y publicada un 1 de septiembre de 1900 bajo el título original de El Maravilloso Mago de Oz, que contó con ilustraciones de William Wallace Denslow.
La historia, a grandes rasgos, es la siguiente: Dorothy, una pequeña huérfana, vive en Kansas en la granja de sus tíos y se acompaña de su inseparable perro Toto. Durante un fuerte tornado, nuestra protagonista y su mascota se refugian en su casa, pero son elevados por los aires y terminan aterrizando en la llamada Tierra de Oz.
Ahí conocerá a sus compañeros de aventuras: el Espantapájaros, Hombre de Hojalata y León, quienes, al igual que Dorothy, van en busca del Mago de Oz, que vive en la Ciudad Esmeralda, para contarle sus cuitas y, gracias a su enorme poder, logre desfacer el entuerto en el que cada uno se encuentra.
Ahí comienzan las aventuras de estos cuatro amigos que, durante el viaje (como toda buena historia de evolución y aprendizaje) crecerán y cambiarán para enfrentarse a un final muy inesperado.
Desde su publicación, hace ya unos 126 años, esta obra se ha adaptado brutalmente, contando su historia en el teatro, el cine, la televisión y los cómics. Pero como la tinta no nos alcanza para adentrarnos en cada una de ellas, basta recordar algunas de las más famosas o que, a su columnista de cajón, le han gustado.
No podemos dejar de mencionar su mayor referente en el cine: me refiero a El Mago de Oz de 1939. Una cinta protagonizada por Judy Garland, recordada, entre otras cosas, por su interpretación de Over the Rainbow, además de varios cambios de director, envenenamiento por maquillaje, un supuesto suicidio y la leyenda de que, la película y el disco The Dark side of the Moon, de Pink Floyd, están sincronizados.
Brincare en el tiempo varios años, hasta el 2009, para recordar la adaptación realizada por Eric Shanower e ilustrada por Skottie Young, lanzadas por Marvel. Por cierto, ya que hablamos de Skottie busquen I hate fairyland, una burla insana, divertida y satírica de Oz. No apta para chavales.
Finalmente les recomiendo un lanzamiento recién salido del horno: Los extraños visitantes del maravilloso mundo de Oz, donde convergen las tiras dominicales que Baum y Deslow (ya cada quien por su lado, tras discutir por los derechos de los personajes) publicaron a partir de 1904 en distintos periódicos.
El libraco es publicado por la española Diábolo Ediciones, en su colección de grandes clásicos norteamericanos, por la que ganaron durante la celebración del Salón del Cómic & Manga de Valencia, en 2025, el Premio Antifaz a la Contribución al Patrimonio del Cómic.
No lo olviden: sigan el camino de las losas amarillas y eviten, a toda costa, al ejército de rabiosos y frenéticos monos voladores de la Malvada Bruja del Oeste.
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