Luis Alberto García

Morir de amor

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¿Se puede morir de tristeza? La frase, aunque no es tan conocida, nos remite tal vez a la pena, la pérdida, el abatimiento y la angustia. Lo común, el terreno fértil de la muerte, en la cultura popular, es morir de amor.

Ya lo dice uno de los versos de la canción compuesta por José Luis Perales y que hiciera famosa Miguel Bosé: "Morir de amor, despacio y en silencio"; y lo refrendó Camilo Sesto con su potente y dramática voz a través de la frase: "Vivir así es morir de amor". Mientras que Jaime Sabines, con aquel tono honesto y pausado leía: "No es que muera de amor, muero de ti. / Muero de ti, amor, de amor de ti, / de urgencia mía de mi piel de ti, / de mi alma de ti y de mi boca / y del insoportable que yo soy sin ti".

En el teatro, los amantes que terminan viviendo una tragedia son, por antonomasia, Romeo y Julieta: los apasionados adolescentes pierden la vida, sí, a causa de un malentendido y por un Fraile medio atolondrado, pero, la realidad es que, al saber que no podrán estar juntos terminan quitándose la vida.

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En medicina, curiosamente, existe el llamado síndrome de Tako-Tsubo o síndrome del corazón roto, una miocardiopatía de estrés descrita en los años 90 en Japón. De acuerdo con la Fundación Española del Corazón "se le denominó Tako-Tsubo porque así se llama una vasija, abombada y con el cuello estrecho, usada tradicionalmente entre los pescadores nipones para atrapar pulpos". Aunque existen causas físicas que lo provocan, también puede ser originado por cuestiones emocionales como la pérdida de un ser amado, una ruptura sentimental o emociones fuertes.

Esta retahíla, el tema de esta semana, viene a colación porque el pasado 4 de junio, murió la ilustradora, autora y directora de cine, Marjane Satrapi, quien consiguiera y alcanzará las luces del éxito y el estrellato gracias a su novela gráfica Persépolis, una obra completamente autobiográfica en la que conviven sus recuerdos de infancia y adolescencia.

Publicada por tomos a partir del año 2000, recibió diversos premios y reconocimientos, y fue adaptada al cine siete años después bajo la mirada y dirección de su autora, teniendo un éxito inmediato. Aunque yo cuento con la versión que lanzó hace varios años Norma Editorial, me parece que Reservoir Books, a través de Penguin Random House publica su versión última e integral.

Pues bien, además de la falta que hará Marjane Satrapi en este caótico mundo, me causó mucha curiosidad la serie de encabezados que acompañaban las notas acerca de su muerte pues coincidían, casi sin excepción, en que nuestra querida heroína "murió de tristeza" pues, recalcaban, nunca pudo superar la muerte de su esposo, el productor y autor, Mattias Ripa, acaecida hace poco más de un año.

En el maravilloso libraco "Cómo vencer a la muerte en treinta días: Diario de Sinforoso Cantera", escrito por Francisco Blanco Figueroa y editado por la Universidad de Colima, viene una frase que, desde la primera vez que leí, me taladró el corazón: "El oficio más desventurado de la vida (...) es el de escritor, por eso se parece tanto al amor y por eso tantos hombres y tantas mujeres se quitan la vida, porque llega el momento en el que no saben si de algo sirve amar o escribir con las endiabladas ganas con que uno lo hace".

Que nadie se llame a engaño: el amor, ese dulce y embriagador sentimiento que provoca guerras, vínculos y mariposas en el estómago también es injusto, doloroso y, en ocasiones, vengativo. Y en su ausencia, qué fatídico e ingrato, que amargo es el amor.

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