La Luna, además de ser el satélite natural de la Tierra, es el cuerpo celeste por antonomasia pues ha sido tema e inspiración de la humanidad desde siempre: poemas, canciones, leyendas, cómics y películas, entre muchos otros. Si lo piensan, ahí está: desde Rubén Darío, pasando por Debussy y Frank Sinatra hasta Hergé y George Méliès.
Uno de los ejemplos más claros es la ciencia ficción en la literatura. Con temas clásicos como la invasión extraterrestre, el futuro de la raza humana, experimentación genética y conquista del espacio, entre otros más; este género tomaba como base la ciencia y la tecnología para tratar de hacer profecías, narrar aventuras increíbles en planetas exóticos, hacer una crítica de la civilización describiendo sociedades y futuros lejanos.
Esto no es más que el reflejo de querer alcanzar el espacio exterior, explorar sus vastos límites y, por qué no, ganar en un punto la carrera espacial, tal y como sucedió en la llamada era Apolo, cuando Estados Unidos consiguió que su quinta misión tripulada colocara un ser humano en la Luna. Aunque, claro, no podemos continuar sin mencionar la clásica y bien ponderada teoría de la conspiración que pone en duda la llegada del hombre a este astro aquel lejano 20 de julio de 1969.
Nos encontramos en la década de los 60, en plena Guerra Fría. Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se encuentran en un “estira y afloje” para demostrar quién es quién como potencia económica y militar. Es en ese momento en el que comienza la llamada Carrera espacial, una persecución contra reloj en la que ambas naciones compiten para ser los primeros en enviar un satélite al espacio o mandar un astronauta-cosmonauta al espacio; hazaña que, al final, fue una victoria para los estadounidenses.
Pues bien, con el tiempo, se gestó una teoría conspirativa que niega la llegada del ser humano a la Luna, sosteniendo que el alunizaje del Apolo 11 fue una falsificación creada por la NASA y el gobierno de los Estados Unidos.
Un año antes, en 1968, se había estrenado la cinta 2001: A Space Odyssey, dirigida por Stanley Kubrick. De hecho, dicen, si alguien podía aprovechar el realismo visual y el rigor científico que mostró la cinta, era el gobierno estadounidense, que se acercó al director para filmar este falso alunizaje, utilizando y aprovechando la escenografía creada para su película que, por cierto, se convirtió posteriormente en una tetralogía de libros; el guión de la película tomó como base el relato El Centinela de Arthur C. Clarke, uno de los más grandes y famosos escritores de ciencia ficción.
Además de esta supuesta grabación por parte de Kubrick, se mencionan “prueba|s” que cimentan dicha teoría conspirativa: la bandera que ondea en el espacio, sombras extrañas en las fotos, falta de estrellas visibles en las imágenes que se presentaron, inconsistencias técnicas en los videos, una letra “C” que aparece en una de las fotografías, las sombras de los objetos y las huellas de los astronautas, por mencionar solo algunas.
Aunque es bastante popular, la teoría no deja de ser conspirativa y falta de bases científicas sólidas que refuten nuestra llegada a la Luna. No obstante, les recomiendo ver el documental Room 237 de Rodney Ascher donde, entre otras cosas, se retoma este tema y, a partir de algunos elementos sutiles, se pone sobre la mesa la supuesta participación de Kubrick en ese oscuro y supuesto montaje del alunizaje.
Mientras tanto, disfruten de las imágenes que envía Artemis II en su histórica y épica misión, mientras viaja hasta donde ningún ser humano ha llegado antes.
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