Corría el verano de 1964. Hacía un par de meses que Lindon Baines Johnson había asumido la presidencia de los Estados Unidos, tras el asesinato de J. F. Kennedy. Malcolm X continuaba con vida, pero, a pesar de sus esfuerzos, en diversas partes del país como Nueva York o Nueva Jersey, comenzaron a estallar diversos disturbios en pro de los derechos civiles.
La música más popular provenía de Liverpool, con los Beatles, y Detroit, gracias a la Motown. Bob Dylan publicaba su tercer álbum: The Times They Are A-Changin y el soul de Sam Cooke respondía con A Change Is Gonna Come.
En cuanto al jazz, Cannonball Adderley, Ramsey Lewis y Chico Hamilton se encontraban en lo alto de las listas con el llamado soul jazz. Por su parte, Duke, Count y Louis, todos ellos leyendas, mantenían con vida el espíritu clásico del género; mientras el free jazz continuaba su camino vertiginoso con Ornette Coleman, Charles Mingus y Cecil Taylor, reflejando a través de su música el lamento, la rabia y, el deseo de libertad de su gente.
A finales de los 50's John Coltrane había trabajado con algunos de los artistas más importantes y memorables del jazz, como Thelonius Monk o Miles Davis, un viejo amigo y conocido, con quien grabó el magnífico álbum Kind of Blue.
El año de 1964 había iniciado con mucho trabajo para Coltrane. Shaw Artits, su agencia, organizó una serie de conciertos en los que cruzó el país, de punta a punta, junto con su cuarteto en una simple furgoneta.
El trabajo lo tenía agotado y su familia lo necesitaba. Al nacer su primogénito, se mudaron al barrio de Dix Hills, ubicado en Long Island, Nueva York, donde Coltrane decidió pasar unas largas vacaciones y de paso, dejar respirar a su saxofón.
En aquella casa de dos pisos existía un espacio que pocas veces era ocupado, salvo cuando la familia esperaba o recibía alguna visita y al que John solía subir con comida, lápiz y algo de papel para meditar sobre la música que escuchaba en su interior. Iniciaba el otoño cuando se dispuso a pasar algunos días recluido solo con su saxofón.
Transcurrido ese tiempo, por fin volvió a ver a su esposa Alice, que describió el momento de esta forma: "Era como Moisés bajando de la montaña, fue tan bonito. Bajó y tenía esa alegría, esa paz en el rostro, tranquilidad. Y le dije: «Explícamelo todo, no te hemos visto en cuatro o cinco días...». Él mencionó: «Ésta es la primera vez que me ha llegado toda la música que quiero grabar, en una suite. Ésta es la primera vez que lo tengo todo, todo listo».
Tres meses más tarde, Coltrane entró al estudio para grabar uno de los álbumes más sugerentes, concisos y agradables, técnicamente hablando, de su impresionante carrera; sin mencionar que es el mejor vendido hasta la fecha. Me refiero a: Un amor supremo.
El cuarteto estaba conformado por John Coltrane en el saxofón, el bajista Jimmy Garrison, el pianista McCoy Tyner y el baterista Elvin Jones. Aquel ensamble grabó el álbum en una sola sesión el 9 de diciembre en el Van Gelder Studio en Englewood Cliffs, Nueva Jersey, para el sello Impulse!, lanzando en enero de 1965.
A Love Supreme es una suite dividida en cuatro partes: Acknowledgement, Resolution, Persuance y Psalm, cada una de ellas abarca desde la espiritualidad hasta la meditación.
Hagamos una pausa en la vida y, ahora que recordamos esta obra maestra, bajen la aguja al disco, con tiempo, con espacio y disfruten de un álbum impresionante, una epifanía de Coltrane en la que escribió: "Dios respira completamente a través de nosotros, pero de una forma tan suave que casi no lo notamos".
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