La iniciativa de Morena para sustituir la Secretaría Ejecutiva del Sistema Anticorrupción por una Agencia Estatal Anticorrupción reabre el debate sobre la eficacia real de los controles en el Estado de México: pasar de un órgano que coordina y reporta a otro con autonomía y facultades vinculantes implica reconocer que el modelo actual es insuficiente. El diputado Gerardo Pliego Santana sostiene que no se busca más burocracia, sino "dientes jurídicos" para sancionar; sin embargo, el desafío no es sólo crear una nueva institución, sino garantizar que su independencia no dependa de mayorías políticas y que sus resoluciones se traduzcan en consecuencias efectivas, para que el combate a la corrupción deje de ser discurso y se convierta en resultado.

Innovación funeraria con retos
La propuesta de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez para crear Cementerios Verdes coloca sobre la mesa una discusión que combina cultura, medio ambiente y capacidad institucional: no se trata de imponer un nuevo modelo funerario, sino de ofrecer una alternativa ante la saturación y el impacto ecológico de ataúdes con barnices contaminantes o cremaciones que emiten CO₂ y mercurio. Que cada municipio determine su viabilidad, incluso en áreas naturales protegidas, abre interrogantes técnicas sobre ordenamiento territorial y regulación ambiental, pero también evidencia la urgencia de actualizar normas frente a un fenómeno urbano que ya rebasa la infraestructura existente: 782 panteones en operación en las zonas metropolitanas mexiquenses y miles de fosas comunes revelan que el problema no es hipotético. Si la entidad logra transitar de la intención ecológica a reglas claras y supervisión efectiva, podría sentar un precedente nacional; de lo contrario, la innovación quedará en discurso verde sin raíz profunda.

Oportunidad histórica
El saneamiento del Río Hondo representa una oportunidad clave para Naucalpan: un proyecto con respaldo internacional que pone a prueba la capacidad institucional para traducir la planeación en resultados ambientales tangibles. Más allá de la construcción de plantas tratadoras y colectores, el reto será garantizar transparencia y mejoras verificables en la calidad del agua, desde su origen en Huixquilucan hasta su integración al sistema del Valle de México. Si logra reducir descargas contaminantes y liberar más agua para uso doméstico, el impacto será estructural; si no, quedará como otra promesa que no consigue revertir el deterioro acumulado en la cuenca.
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