En medio de su proceso de extinción, el Instituto de Transparencia del Estado de México demuestra que la rendición de cuentas no puede quedar en pausa. Las 122 medidas de apremio impuestas en lo que va de 2026 revelan una constante preocupante: aún hay autoridades que ven la transparencia como obligación menor y no como derecho ciudadano. Que más del 40 % de las sanciones recaigan en ayuntamientos confirma que el rezago municipal sigue siendo el eslabón más débil del sistema. Las multas, aunque modestas, envían una señal de que el incumplimiento tiene consecuencias. Mientras el Congreso define el futuro institucional, el Infoem parece decidido a cerrar su ciclo ejerciendo plenamente sus facultades. Al final, la verdadera prueba no será cuántas sanciones se impusieron, sino si la cultura de la transparencia logra sobrevivir a la transición.

Bajo vigilancia

Aunque el Estado de México se mantiene lejos de los focos rojos del brote de sarampión que golpea a otras entidades, los 202 casos confirmados en 2026 recuerdan que la vigilancia sanitaria no admite triunfalismos. La entidad ocupa el quinto lugar nacional, pero sin registrar decesos y con una tasa de incidencia muy por debajo de la media del país. En este escenario, la secretaria de Salud estatal, Macarena Montoya, ha insistido en reforzar la vacunación como principal muro de contención frente a un virus altamente contagioso. Más de tres millones de dosis aplicadas muestran que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Sin embargo, los brotes localizados en municipios del oriente mexiquense y en zonas rurales advierten que el riesgo persiste. El hecho de que la entidad no sea considerada prioritaria por la federación refleja cierto control, pero también exige no bajar la guardia. En salud pública, la diferencia entre un brote contenido y una crisis suele medirse en la constancia de las decisiones.

Macarena Montoya. Foto Alejandro Vargas / El Universal
Macarena Montoya. Foto Alejandro Vargas / El Universal

Un paso para el oriente

En una zona donde por años la infraestructura pública llegó tarde o simplemente no llegó, la inauguración del puente peatonal "Neftalí" representa más que una obra menor: es un recordatorio de las deudas históricas con el oriente mexiquense. La gobernadora Delfina Gómez Álvarez apuesta por enviar un mensaje claro en su llamado "Año de las Obras": que la movilidad y la seguridad también pasan por intervenciones sencillas pero necesarias. Para miles de habitantes de Nezahualcóyotl y Chimalhuacán, cruzar el Canal de la Compañía ya no implicará riesgo cotidiano. Sin embargo, la verdadera prueba no está en cortar listones, sino en sostener una política de infraestructura que cierre brechas urbanas. El oriente del Estado de México necesita más puentes, pero también más oportunidades. Obras de 6.4 millones pueden parecer modestas, pero su impacto social suele ser profundo. Al final, la legitimidad de cualquier gobierno se construye justamente en esos espacios donde durante décadas predominó el abandono.

Delfina Gómez Álvarez / Especial
Delfina Gómez Álvarez / Especial

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