La Maquinita

Reforma electoral en la balanza

La propuesta de reforma electoral impulsada por Claudia Sheinbaum Pardo ha encendido una discusión que rebasa lo técnico y se instala en el terreno de la confianza democrática: mientras el oficialismo, la defiende como una expresión de congruencia histórica de la izquierda, la oposición advierte riesgos de sobrerrepresentación y debilitamiento institucional del Instituto Nacional Electoral. El punto no está sólo en rediseñar el modelo electoral, sino en el delicado equilibrio entre austeridad y pluralidad: abaratar la democracia no puede traducirse en adelgazar sus contrapesos. Si la reforma fortalece la transparencia, regula adecuadamente el uso de tecnologías digitales y preserva condiciones de competencia real, podría representar una actualización necesaria; si concentra poder bajo la lógica de mayorías dominantes, confirmará los temores de hegemonía que hoy dividen al Congreso.

Claudia Sheinbaum Pardo. Foto Especial

Voto universal en la UAEMéx

La iniciativa de Movimiento Ciudadano para reformar la Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México reabre un debate impostergable: la distancia entre la autonomía universitaria y la participación efectiva de su comunidad. Apostar por el voto universal en la elección de rectoría y direcciones académicas no es un gesto menor, sino un intento por fortalecer la legitimidad de las autoridades frente a un esquema que hoy concentra la decisión en el Consejo Universitario y que ha sido cuestionado por su capacidad de reflejar la voluntad mayoritaria. Sin embargo, la discusión no puede reducirse a un cambio de método electoral; también implica garantizar reglas claras, mecanismos de resolución de conflictos y la obligación de denunciar posibles delitos, elementos que robustecen la gobernanza interna. Con una reforma en curso al interior de la propia institución, el reto será evitar que el tema se politice en exceso y, en cambio, se traduzca en una actualización normativa que equilibre autonomía, transparencia y representatividad real.

Avance gradual

La aprobación unánime de la reducción gradual de la jornada laboral en el Congreso mexiquense representa un avance simbólico en favor del derecho al descanso, pero deja abierta la discusión sobre la profundidad del cambio. Mientras la mayoría legislativa celebra la transición como un paso responsable hacia un nuevo equilibrio entre productividad y bienestar, voces como la de Ruth Salinas Reyes cuestionan que el esquema sea demasiado lento y limitado, al mantener un solo día obligatorio de descanso y posponer la meta final varios años. El fondo del debate no es sólo cuántas horas se trabajan, sino qué modelo laboral se quiere construir: uno que administre el desgaste o uno que realmente lo combata. Si la reforma garantiza salarios íntegros y mejores condiciones sin afectar la competitividad, será un parteaguas; si la gradualidad diluye su impacto y posterga el alivio real para millones de trabajadores, quedará como una victoria política más que como una transformación estructural.

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Ruth Salinas Reyes. Foto Especial

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