En un contexto marcado por la saturación de agendas y la frialdad de los indicadores, la visita de Delfina Gómez Álvarez al Hospital para el Niño del IMIEM con motivo del Día de Reyes envía un mensaje que va más allá del gesto simbólico. La presencia de la gobernadora, acompañada de personal de salud y de un programa de apoyo canino, coloca en el centro una idea que suele perderse en el discurso público: la atención médica integral también implica bienestar emocional. Sin embargo, este tipo de actos adquiere mayor relevancia cuando se traduce en políticas sostenidas y recursos suficientes para hospitales que atienden a los sectores más vulnerables. La cercanía con los pacientes genera empatía y humaniza el poder, pero el verdadero desafío para el gobierno mexiquense es que esa sensibilidad se refleje todos los días en mejores servicios, infraestructura y condiciones para el personal médico, más allá de las fechas conmemorativas.

Otro relevo, el mismo reto
El nombramiento de Rubid Suárez Mondragón como nueva comisaria de la Guardia Civil de Tecámac no puede leerse sólo como un relevo administrativo, sino como un nuevo intento por dotar de estabilidad a una de las áreas más sensibles del gobierno municipal. Que sea la décima titular en siete años revela una fragilidad institucional que contrasta con los discursos de continuidad y resultados en materia de seguridad, aun cuando las cifras oficiales apunten a una reducción en delitos de alto impacto. La trayectoria de Suárez Mondragón, con formación jurídica y experiencia en inteligencia y procuración de justicia, ofrece un perfil técnico que podría aportar orden y rumbo; sin embargo, el verdadero desafío será romper con la inercia de la alta rotación y demostrar que la seguridad pública en Tecámac responde a una estrategia de largo plazo y no a los vaivenes políticos que han marcado la gestión reciente del municipio.

Coordinación como estrategia de paz
La presentación del modelo de justicia cívica con enfoque preventivo al Gobierno del Estado de México, encabezada por autoridades federales como Rocío Bárcena Molina, coloca sobre la mesa una apuesta que, en el discurso, suena correcta y necesaria: atender los conflictos desde lo local antes de que se conviertan en delitos. La coordinación entre los tres niveles de gobierno, avalada por la gobernadora Delfina Gómez y por el Poder Judicial mexiquense, refuerza la idea de que la paz no se construye únicamente con policías y patrullas, sino con mediación, derechos humanos y reconstrucción del tejido social. No obstante, el reto real estará en llevar este modelo a los 125 municipios sin que se diluya en capacitaciones aisladas o buenas intenciones. La justicia cívica será preventiva sólo si se traduce en estructuras sólidas, recursos suficientes y voluntad política sostenida más allá de las mesas de trabajo.

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