Karime Guillen

El problema no es emprender, sino seguir haciéndolo solo

Lobo, Vaca o Caballo

Cada vez más personas deciden emprender, ya sea por necesidad, por el deseo de independencia o por identificar una oportunidad de mercado. Hoy el emprendimiento se ha convertido en una de las principales vías para generar ingresos, innovación y desarrollo económico. Sin embargo, hay una realidad: abrir un negocio es relativamente sencillo; lograr que permanezca y crezca es el verdadero desafío.

Después de acompañar a decenas de emprendedores y construir empresas durante los últimos años, he visto que el problema rara vez es la falta de talento. En México, cerca del 75 por ciento de las MiPymes no supera los cinco años y miles de emprendedores abandonan sus proyectos antes de llegar a ese punto. Aunque el financiamiento es una barrera importante, dirigir una empresa exige conocimientos en administración, finanzas y estrategia que, en muchos casos, se aprenden sobre la marcha y a partir de la experiencia, más que por una formación o acompañamiento oportuno.

Paradójicamente, México cuenta con universidades, incubadoras, aceleradoras, cámaras empresariales, instituciones financieras, organismos públicos, fondos de inversión, empresarios con décadas de experiencia y organizaciones especializadas en cada etapa del emprendimiento. Muchas de ellas buscan proyectos para impulsar, mientras miles de emprendedores buscan exactamente ese acompañamiento.

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Sin embargo, ambos rara vez se encuentran porque desde la perspectiva del emprendedor, el ecosistema suele verse fragmentado: existen convocatorias que nunca conoce, programas que descubre cuando ya cerraron, mentorías a las que no sabe cómo acceder y oportunidades que simplemente no llegan a su radar. El problema no es la falta de actores, sino la falta de articulación para que todos funcionen como un verdadero ecosistema. Por ello, muchos emprendedores terminan recorriendo el camino solos, no porque quieran hacerlo, sino porque desconocen que existe una comunidad dispuesta a acompañarlos.

En el Estado de México, este reto también representa una gran oportunidad. Por su peso

económico, industrial, educativo y empresarial, la entidad tiene el potencial de convertir una mejor articulación del ecosistema en más innovación, competitividad y empresas consolidadas. Para lograrlo, no se necesita que todos los actores hagan lo mismo, sino que cada uno aporte aquello en lo que realmente genera valor.

Cada actor tiene un papel distinto: las universidades desarrollan capacidades; las incubadoras ayudan a validar; las aceleradoras impulsan el crecimiento; el sector financiero acerca capital; el gobierno genera condiciones; Las cámaras empresariales abren redes y las empresas consolidan oportunidades de negocio, incorporan nuevos proveedores, acceden a innovación y fortalecen cadenas de valor más competitivas. Y no solo se trata de acompañar el camino al emprendedor, sino brindarle las herramientas y conexiones que faciliten la ejecución, tomar mejores decisiones, implementar su modelo de negocio y adaptarlo al mercado. Porque emprender no consiste únicamente en desarrollar un producto o venderlo; también implica entender las finanzas, administrar el crecimiento, medir resultados y construir una empresa sostenible.

Ese principio impulsa Ecosistema Emprende CONCAEM, una iniciativa que nace desde la

Vicepresidencia de Emprendimiento con un objetivo claro: conectar y articular a quienes impulsan el emprendimiento en el Estado de México para hacer el ecosistema más accesible, conectado y eficiente. No se trata de crear un nuevo programa, sino de conectar capacidades existentes para que un emprendedor encuentre, en un mismo ecosistema, el conocimiento, las herramientas, las alianzas y las oportunidades que necesita para cada etapa de su crecimiento y que muchas veces se desconocen, y por ello, se desaprovechan.

El sector empresarial tiene un papel clave en esta articulación. Su experiencia, redes, capacidad de compra y conocimiento del mercado pueden convertirse en mentoría, alianzas, proveeduría y nuevas oportunidades para quienes están construyendo empresa. Sumarse al ecosistema no significa crear otro programa, sino abrir conexiones que fortalezcan a todos los actores y aceleren el desarrollo económico del Estado de México.

Es importante recordar que cuando un emprendimiento se consolida, no solo gana quien lo creó; ganan también todos los actores que hicieron posible ese crecimiento. Por eso, el reto ya no es crear más emprendedores, sino construir un ecosistema donde nadie tenga que emprender solo y donde cada conexión aumente las probabilidades de convertir una buena idea en una empresa sólida, rentable y capaz de transformar la economía del Estado de México. Porque, al final, el éxito de un ecosistema fuerte no se mide por cuántos emprendimientos nacen, sino por la cantidad de empresas que logra mantener vivas.

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