Juan Carlos Villarreal

Un nuevo impulso hemisférico

DOSSIER POLÍTICO

El concepto de policrisis impulsado por Edgar Morín, para describir la convergencia e interdependencia de múltiples crisis simultáneas que afectan de manera estructural a los sistemas políticos, económicos y sociales; Morin (2009) lo denomina policrisis, caracterizada por la convergencia de problemas económicos, sociales, políticos y culturales que interactúan entre sí. En una línea similar, Žižek (2015) identifica los efectos de la desigualdad, las transformaciones del capitalismo, la crisis ecológica y los cambios tecnológicos, mientras que Naím (2022) destaca la polarización, la desinformación, el debilitamiento de las élites tradicionales y la emergencia de nuevos liderazgos como factores que han reconfigurado las democracias contemporáneas. Ha sido resignificado y que coincide con el fin de una era caracterizada por el modelo neoliberal, la crisis de representación política, la crisis de los partidos políticos históricos y, en consecuencia, el fallo democrático.

Y lo anterior se agrega a la creciente desigualdad y al acumulamiento de riqueza en pocas manos y, para agregar la explosividad a este cauce de problemas, se suma la crisis del medio ambiente, el fin de la globalización y el multilateralismo por el impulso a la doctrina “Donroe”, impulsada por el presidente Donald Trump, que en muy poco tiempo ha acabado con los apoyos norteamericanos a los organismos internacionales y el regreso a medidas proteccionistas que ponen en duda el libre comercio. Recientemente, el estudio realizado por Edelman Trust Barometer (Barómetro de Confianza Edelman), practicado en 30 naciones, advierte que como parte de esta problemática emerge otro concepto: el insularismo, que refleja que los jóvenes solo tienen confianza en su propio esfuerzo y que también es el resultado de los fenómenos antes descritos.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con el surgimiento de los nuevos movimientos de la derecha que pululan en el mundo? En Europa, particularmente, el fenómeno se manifiesta con los nacionalismos, que son una forma de expresión contra la migración, y en otras partes del mundo con el nativismo, que es una forma de privilegiar lo propio o nacional frente a lo externo. Estos fenómenos se recrudecen particularmente entre los jóvenes varones que enfrentan una depauperización salarial, falta de oportunidades y una enorme incertidumbre de futuro. Este movimiento oscilante en los resultados electorales del mundo advierte que cada vez más los jóvenes universitarios de ingresos promedio y altos, que podrían categorizarse como conservadores, no son los únicos que votan por la derecha; también han caído en sus redes los grupos más vulnerables.

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Esta nueva ultraderecha, dice Eva Illouz en su libro La vida emocional del populismo, ha identificado muy bien las raíces sentimentales del populismo de derecha para encabezar el malestar y llevarlo al triunfo electoral. No se trata de los viejos planteamientos conservadores de los partidos demócratas cristianos, se trata de una nueva forma de exponer los problemas contemporáneos, facilitando su comprensión para ofrecer soluciones fáciles. Problemas complejos, “Tendremos un sistema de salud mejor que el de Dinamarca” (López Obrador) o “Hagamos grande a América de nuevo” (D. Trump), “La invito a que veamos cuántos de los 330 mil (migrantes) van a quedar en Chile el día 11 de marzo. Van a ser bastante menos” (J. Kast); “No le demos lugar a los zurdos de mierda que dicen que la ganancia extraordinaria está mal […] El que gana plata es un héroe, un benefactor social” (J. Milei).

Como se aprecia, la denominada ultraderecha ha robado los postulados hasta de su adversario ideológico, la izquierda, para acercar al elector motivos racionales para manifestar su inconformidad a través del voto. En este sentido, la disputa se vuelve más compleja porque rebasa el eje izquierda-derecha y se sitúa en lo que ha denominado Antoni Gutiérrez-Rubí, la gestión de emociones, que hoy trasciende el discurso y se populariza a través de las redes sociales y los algoritmos. Los famosos bulos y la posverdad se convierten en la nueva herramienta del debate político. Ya no es necesario contar con una formación política o con un asesor ideológico, ni con un equipo de comunicación política; basta con tener un experto en minería de datos y un grupo de influencers que reproduzcan los mensajes que invariablemente aceleran el malestar.

Ahora bien, ¿esto llegará a México? No es una respuesta fácil. De hecho, la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido que ella ve poco probable el triunfo de la derecha en nuestro país; sin embargo, esto no depende ni de la capacidad ni de la eficacia en el partido en el poder, pues, como está demostrado, no tienen opción enfrente. Será, en cambio, una batalla cultural en la que los verdaderos protagonistas, los medios de comunicación afiliados a la doctrina “Donroe” y su enorme malestar contra el actual estado de cosas y el tipo de gobierno que tenemos, en ese sentido, la aceleración de temas relacionados con la corrupción, la inseguridad y la crisis económica que no llega, forman parte de ese impulso de la ultraderecha continental para minar a los gobiernos democráticos de ese populismo de izquierda. El debate apenas inicia en México y la intención de esta colaboración es advertirlo e invitarles a la próxima Cátedra, “Tiempos de vasallos: la derecha latinoamericana y el cambio de época”, que se llevará a cabo el 15 de octubre en el INESLE con el autor e investigador Jaime Ortega.

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