La prospectiva es una herramienta para el análisis político que no tiene carácter científico, pero sí constituye un método para analizar temas complejos a partir de lo que se conoce como escenarios o futuribles. De acuerdo con Gaston Berger, “implica mirar lejos, mirar amplio y mirar profundo, con el fin de anticipar las transformaciones de la sociedad y orientar la acción política presente hacia un futuro construido de manera consciente” (Berger, 1964).
Efectivamente, a nadie debería sorprender que al inicio de su segundo mandato el presidente Donald Trump esté llevando el ejercicio de la política exterior a niveles inimaginables, y no debería sorprender porque eso fue justamente lo que ofreció en campaña. Más allá de las apreciaciones de carácter ético o moral, hoy se advierte desde el realismo político, escuela fundada, por cierto, por el célebre florentino Nicolás Maquiavelo, que, más que preocuparnos por el deber ser característico de la filosofía política, hay que tratar de entender las motivaciones que están detrás de las polémicas decisiones del presidente Donald Trump. La primera de ellas, a mi juicio, es la condición imperialista que ha protagonizado Estados Unidos a partir de las conflagraciones mundiales que dieron paso primero a un mundo bipolar, luego a acuerdos multilaterales y ahora de nuevo a una disputa geopolítica.
Trump cree fervientemente que Estados Unidos puede recuperar la posición de privilegio que mantuvo por décadas. En segundo lugar, la situación económica no deja margen de error: Estados Unidos depende de préstamos para sobrevivir, y uno de los principales tenedores de deuda es el gobierno chino, que además disputa geopolíticamente el control de algunas regiones del mundo. Aquí se inscribe el fallido intento de Venezuela por sumarse a los BRICS e impulsar acuerdos comerciales con el petróleo sin el dólar (una de las motivaciones centrales de la flagrante intervención americana en Sudamérica). En tercer lugar, el presidente Trump usa el escenario mundial para convencer o satisfacer los apetitos de sus electores y de los hombres de negocios que apoyan su mandato. En este sentido, buscará lograr una mayoría parlamentaria en las elecciones intermedias de 2027, y los resultados de las elecciones locales le han propinado derrotas sensibles que aceleran esta vocación provocativa que lo distingue. Le preocupa primero ganar una mayoría y luego reelegirse; si en el camino pone de cabeza al mundo, eso no le preocupa.
Estas motivaciones sí tienen un correlato desde la prospectiva, y su diseño no deja margen de error, como se observa en la entrevista concedida por el presidente Donald Trump a The New York Times, en la que deja claro que, en su visión, los límites a su poder como comandante en jefe no provienen del derecho internacional ni de los acuerdos multilaterales, sino únicamente de “su propia moral” y “su propia mente”. En dicha conversación, Trump desestima abiertamente el derecho internacional como un freno efectivo a la acción de Estados Unidos y sostiene que la fuerza nacional, y no las leyes, los tratados o las convenciones, debe ser el factor decisivo en la relación entre potencias. La entrevista deja en evidencia que, para Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son secundarias frente al papel que concibe para Estados Unidos como garante unilateral del orden occidental.
Con lo cual queda en evidencia que no se trata de simples expresiones “de un loco con poder” o “de un psicópata”, como muchos advierten; y aquí ambas tesis pueden convivir: sí, efectivamente es un psicópata con mucho poder, pero también con un elemental sentido de oportunidad que está capitalizando para lograr su cometido. El realismo político sugiere que son los resultados la mejor forma de evaluar a un político y, en este caso, lamentablemente, para los poderosos —y aquí habrá que sumar a China y Rusia— al menos las siguientes jugadas van a poner en predicamento al sistema de la democracia liberal que conocimos durante prácticamente todo el siglo XX. Esa ya no es la realidad actual. Entenderla, estudiarla y, sobre todo, visualizarla hacia el futuro resulta fundamental no solo para nuestro gobierno, sino también para todos aquellos que nos preocupa la cosa pública, porque al final del día todos resultaremos beneficiados o perjudicados por sus efectos.
Síguenos en nuestras redes sociales:
Instagram:@eluniversaledomex, Facebook:El Universal Edomexy X:@Univ_Edomex

