Hace décadas que la primera versión del tema apareció en la literatura especializada; aún no existían ni la internalización ni las redes sociales que hoy dominan la comunicación. La cultura se construía con el reposo de la vista en libros que obligaban a la pausa o a la reflexión. Hoy somos esclavos del frenético impulso del scrolleo que nos convierte en conocedores de todo y expertos en nada. En este impulso por devorar información, la política no ha quedado exenta y hoy por hoy, nuestros políticos aman las redes, que son una forma de narcisismo que puede conectar, pero no informa.
Hemos pasado de los asesores y consultores en comunicación política a los community managers (o sobrinity manager, como jocosamente acusa el doctor Joya), que saben de métricas y algoritmos, pero ignoran de gobernabilidad o responsabilidad pública. Para ellos, lo más importante son las interacciones, no el mensaje.
En su libro, La crisis de la narrativa, el filósofo coreano Byung-Chul Han advierte que Información vs. Narración: Han establecido una distinción fundamental. La información es fugaz, se consume instantáneamente y carece de la capacidad de anclarse en el tiempo o en la identidad personal. La narración, por el contrario, conecta el pasado, el presente y el futuro, y proporciona un marco de significado que une a las comunidades.
Storytelling commercial: La moda del storytelling (el arte de contar historias breves y emocionalmente impactantes para el marketing) no es una solución, sino un síntoma de la crisis. Estas "narrativas aligeradas" son intercambiables, carecen de verdad intrínseca y sirven a propósitos comerciales dentro del capitalismo, en lugar de fomentar la cohesión social o la identidad.
Fragmentación del tiempo y el ser: El consumo constante de noticias y estímulos visuales en plataformas digitales, facilitado por el scroll infinito, impide la construcción de una narrativa vital. Esto resulta en una vida fragmentada, vivida en un presente perpetuo sin conexión con la historia personal o colectiva, lo que puede generar angustia y fatiga mental.
Pérdida de la escucha y la audacia filosófica: Han señala que, al estar siempre "emitiendo" o escenifican a nosotros mismos en redes sociales, perdemos el "don de escuchar" y la capacidad de sumergirnos en la profundidad del pensamiento que requiere una narrativa.
En resumen, Byung-Chul Han argumenta que la crisis de la narrativa no es solo un problema cultural, sino una consecuencia directa de la sociedad de la información y el rendimiento neoliberal, que deshumaniza al individuo al convertir todo, incluso las historias, en mercancía de consumo rápido.
La política no puede únicamente comunicarse con storytellings; requiere de la profundidad del pensamiento complejo. Las emociones son volátiles o temporales, los problemas estructurales no. Los valores supremos de la democracia hoy se ven profundamente alterados por las emociones que fragmentan la realidad, dañando nuestros circuitos cerebrales para hacernos, paradójicamente, más dependientes de las imágenes que de las ideas.
Nos espera un año preelectoral en donde abundarán las preprecampañas y habrá más aspirantes que ideas. Será muy difícil cambiarles el script a ellos, pero nosotros sí que debemos analizar sus propuestas porque en política las palabras importan, porque representan ideas y al final, son estas las que marcan las diferencias.
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