Juan Carlos Villarreal

La derecha latinoamericana

DOSSIER POLÍTICO

El deterioro acelerado que vive la democracia tiene muchas aristas interpretativas, pero ninguna tan poderosa como la desigualdad creciente, producto del periodo neoliberal que generó más multimillonarios que nunca antes y engrosó también, de forma alarmante, una desigualdad contundente en el mundo. Como ya he referido antes, el último reporte de Oxfam, ¿Derechos o privilegios? Una mirada a la ENIGH 2024 desde las desigualdades (2025), señala que el decil de mayores ingresos en México lo componen aquellos cuyos ingresos superan los 63 mil pesos mensuales (Oxfam, 2025) mientras que el 1% recibe hasta 260 mil pesos mensuales. El 1% de las personas más ricas de México gana 442 veces más que el 10% más pobre, además de que su ingreso es 44 veces mayor al promedio nacional, según un análisis de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, realizado por Oxfam México y el Instituto de Estudios sobre la Desigualdad (INDESIG). La concentración en la cima extrema es tal, que apenas el 0.3% de la población (unos 399 mil individuos) concentra una gran parte de la riqueza nacional, con fortunas millonarias. Este grupo ultrarrico acumula riquezas que igualan o superan la riqueza del 50% más pobre de la población mexicana (más de 60 millones de personas).

Por lo que en total, el 10% más rico posee aproximadamente el 71% de la riqueza total. Mientras que el 29% de la riqueza se distribuye en el 90% restante, es decir, 119 millones de mexicanos. Eso sin contar el capital offshore, visible recientemente gracias a los Panama Papers; ese 0.1% más rico de México oculta 47,600 mdd en capital offshore sin pagar impuestos, equivalente al 65% del patrimonio de los 66 millones de mexicanos más pobres.

Paradójicamente, se sigue pensando en ese viejo concepto “son pobres porque quieren”. Justamente con dicho título, Máximo E. Jaramillo Molina escribió un nuevo libro publicado en 2025, para tratar de desmentir cada afirmación con un muy buen denominado texto, que entre otras cosas señala:

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1. Origen es destino: la realidad del “no querer salir de pobre”: “La realidad es que no se trata de un tema de voluntad […] se trata en cambio de una sociedad sumamente desigual donde la riqueza y las oportunidades están acaparadas en pocas manos, una donde la movilidad social es baja y prácticamente la clase social donde naces es en la que mueres” (pág. 41). En cambio, el 94% de la población que nació en el 20% más rico del país (quintil V) nunca llegará a ser pobre (pág. 46).

2. Nacer pobre: la condena de la falta de movilidad: señala que de las personas en situación de pobreza, al menos 7 de cada 10 permanecerán así toda su vida; la pobreza en México es tan alta que en ella viven entre 4 y 5 personas de cada 10. Así el CEEY pone la línea de pobreza entre el quintil II y III y ofrece una cifra demoledora: 74% permanecía en la misma situación desde su nacimiento hasta el momento de ser encuestada (pág. 45).

3. Los pobres y los informales no contribuyen: La clasificación de políticas sociales contributivas y no contributivas está errada. En realidad, podríamos hablar de políticas directamente contributivas y políticas indirectamente contributivas, dado que en México todas las personas pagan impuestos, es imposible que alguien se beneficie de dádivas no contributivas, es decir, todo programa social “indirectamente contributivo” se paga con el presupuesto general del Estado, que a su vez está fondeado por todos los impuestos. En resumen, todas las personas incluidos los más pobres e “informales” pagan impuestos y los programas sociales de los que se benefician están fondeados con el dinero generado colectivamente (pág. 262).

4. Los trabajadores sostienen el sistema fiscal: El sistema fiscal tiene como principios dos objetivos: 1) recaudar los recursos para el funcionamiento del Estado; y 2) incidir directamente en la distribución económica, puesto que se cobra más impuestos a unos que a otros; por lo tanto, un sistema fiscal que tiene la característica de ser progresivo debería cobrar más impuestos a quienes tienen mayor capacidad económica. No obstante, nuestro sistema fiscal no es realmente progresivo; si destacamos que del impuesto a los ingresos (ISR), se muestra que casi dos tercios de la distribución primaria de las ganancias es acaparada por las empresas, mientras que la clase trabajadora solo se queda con un tercio. Así que aunque las empresas capturan el 64% de los ingresos, solo pagan el 38% de los impuestos recaudados, contrario al carácter progresivo que debería tener este impuesto. Por eso la narrativa meritocrática que busca comunicar lo contrario, en México son los trabajadores quienes sostienen el sistema fiscal (pág. 271-272).

Sí, como te das cuenta, hay una serie de mitos construidos alrededor de la riqueza, de los poseedores de la riqueza y de la justificación para que el país, buena parte del mismo, acepte las condiciones de pobreza y sobre todo no reconozca quiénes son los responsables de esa enorme desigualdad. El postulado entonces de las derechas en el mundo es que la riqueza proviene de la iniciativa individual; nunca se pone en duda ni el origen ni las condiciones que llevan al rico a poseer sus bienes. En cambio, los movimientos progresistas, la socialdemocracia y otras fuerzas políticas sostienen que la igualdad es el principio básico para que las sociedades persistan. De hecho, nos hemos reunido en torno de la idea del Estado, justamente para aminorar los excesos que provoca la acumulación de la riqueza y la desigualdad. El Estado surgió así para contrarrestar este enorme desafío que es la concentración de la riqueza. Por eso la ultraderecha usa hoy discursos vanguardistas, asumen banderas que antes eran de la izquierda y frecuentemente utiliza también un discurso populista –lo mismo que en la izquierda–, un discurso populista que permite, en frases muy cortas, en ideas muy sencillas, ofrecer alternativas casi mágicas. Pero como ha quedado con evidencia en el texto que he comentado el día de hoy, el origen de la desigualdad tiene causas estructurales muy profundas y vale la pena conocerlas.

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