Juan Carlos Villarreal

Insularismo; las nuevas desconfianzas

DOSSIER POLÍTICO

Toda la actividad humana que involucra relaciones “con el otro” se mueve bajo los signos de una frágil balanza: confianza o desconfianza. Cuando la primera existe, surgen las sociedades organizadas y la comunidad sobrevive y prospera, por lo que Rousseau denominó a esta condición el contrato social, que vendría a ser el acuerdo voluntario entre los ciudadanos guiados por la obtención del bien común o interés general. Es una idea básica en la configuración del estado moderno; sin embargo, muy poco realista, porque como dice Schumpeter, la sociedad disputa bienes colectivos permanentemente y cada uno de los grupos tiene sus propios intereses, y aun en la democracia esa condición ha provocado los estallidos que hoy observamos a lo largo del mundo. Aquellas promesas del consenso como producto de ese interés general han dado paso a condiciones para las cuales el modelo democrático ha fracasado en las últimas décadas: una desigualdad rampante acompañada de una enorme concentración del poder y la riqueza, y de un creciente deterioro cognitivo producto de la polarización social. Todos los estudios de la neurociencia exhiben cómo hemos perdido capacidad de racionalizar conflictos y entenderlos frente a la comunidad que nos proporciona el confort de las redes sociales o el rencor traducido en un lenguaje agresivo que solo tendría cabida en esos espacios anónimos.

Por lo anterior, llama la atención el estudio que presenta el Edelman Trust Barometer, firma de comunicaciones global dedicada al estudio de la influencia de la confianza (como variable) en toda la sociedad con relación al gobierno, medios de comunicación, negocios y ONG. Dicho estudio analiza 26 años de los cambios más significativos en términos de confianza y descubre cómo hemos pasado de la polarización producto del desplazamiento económico, los costos de la vida, la discriminación, las tensiones políticas, la desinformación y la pandemia global que generaron la creencia de que nuestro país está dividido y que esas divisiones son profundas, lo que provoca un agravio contra un sistema que parece manipular todo en nuestra contra, lo que ha dado paso en esta generación al fenómeno de la insularidad, que es la resistencia a confiar en cualquier persona distinta a uno mismo. Como en muchos indicadores, México se encuentra a media tabla: Japón es el país con mayor desconfianza (38) y China el de mayor confianza (80), y nosotros tenemos 57. En nuestro caso, nuestra insularidad es geopolítica: le tenemos más confianza a las empresas nacionales que a las extranjeras. Las personas con ingresos altos y bajos viven en realidades de confianza en instituciones distintas: los ingresos bajos consideran a las ONG y empresas como muy competentes, y los ingresos medios y altos, adicionalmente, como muy éticas. Todos coinciden en que el gobierno es menos competente y menos ético. Solo el 32% considera que la próxima generación vivirá en mejores condiciones. La mayoría de las personas con ingresos bajos temen quedarse atrás por la IA porque los actores extranjeros fomentan desinformación para sembrar divisiones a nivel global. Es preocupante que hay un repliegue social hacia lo más conocido y en particular el paso del nosotros al yo; menos confianza en líderes de gobierno, medios de comunicación y empresarios, y más en compañías de trabajo y vecinos. Volviendo a las divisiones que identifica el estudio, en México 7 de cada 10 personas tiene una mentalidad de confianza insular: 72% duda o no está dispuesto a confiar en alguien que es diferente a uno mismo. El propio estudio advierte que estos indicadores detienen el progreso y, visto desde el punto de costo político que interpreto en este texto, el sentimiento de agravio es más probable entre estos grupos dominados por la desconfianza y más proclives a lo que la neurociencia identifica como disonancia cognitiva o populismo afectivo, según Mariano Torcal, lo que produce que, sin pensar o sin siquiera detenernos a dudar, asumamos verdades en función de las simpatías del grupo al que pertenecemos y nos negamos abiertamente a aquellos que desconocemos. Estos días platicaba con Raymundo Guzmán justamente de este tema y de por qué para nuestra generación es prácticamente un fracaso del modelo democrático basado en la pluralidad – conflicto – consenso, y todo eso surge por la polarización – posverdad – mayorías. No es el caso, como lo refleja el estudio de Edelman, solo de México o América Latina; el estudio es muy interesante y comprende 28 países que fueron analizados entre el 25 de octubre y el 16 de noviembre del 2025, de cuya segunda parte me ocuparé en otra oportunidad.

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