Juan Carlos Villarreal

Datos poblacionales

DOSSIER POLÍTICO

El Estado de México no solo es la entidad más poblada del país: es un gigante demográfico que, según la Encuesta Intercensal 2025, alberga a 17 millones 612 mil 480 habitantes (INEGI, 2025). Esa cifra equivale a poco más de una décima parte de la población nacional y consolida a la entidad como el principal concentrador de población del país. Para dimensionar su magnitud, basta compararla con Colima, la entidad menos poblada, que en el mismo ejercicio registró 762 mil 212 habitantes (INEGI, 2025). La diferencia es contundente: el Estado de México es poco más de 23 veces mayor que Colima. Y si la comparación se extiende a otras entidades pequeñas —Baja California Sur, Campeche, Nayarit o Tlaxcala—, el Edomex las supera a todas por un factor de al menos 10 veces.

Esa concentración poblacional no es un dato menor. Implica que las decisiones de política pública que se toman en la entidad tienen un impacto directo sobre una décima parte de la población nacional. Pero el desafío no es solo el volumen actual, sino la estructura futura de esa población.

Las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO) anticipan una transformación profunda en las próximas décadas. El país se encamina hacia un hito ineludible: para 2030, por primera vez habrá más personas mayores (14.96% de la población) que jóvenes de 0 a 14 años (CONAPO, 2025). Y para 2070, poco más de un tercio de los mexicanos —el 34.2%— serán adultos mayores (CONAPO, 2025). En el Estado de México, esta transición ya es una realidad consolidada: la entidad atraviesa una fase avanzada de envejecimiento demográfico, caracterizada por el aumento sostenido de la población de 60 años y más y la reducción progresiva de la fecundidad (CONAPO, 2025).

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Ese cambio demográfico trae consigo dos fenómenos aparejados que exigen atención inmediata. Por un lado, la disminución sostenida de la población infantil. Según estimaciones basadas en datos del INEGI, la proporción de niñas, niños y adolescentes, que en 2025 representa el 29.1% de la población total, caerá al 20.0% en 2050 y al 16.3% en 2070 (UNICEF, 2024). El Estado de México, aunque concentra el mayor número absoluto de menores de 18 años, ya muestra una transición demográfica avanzada que se refleja en una proporción de población infantil inferior al promedio nacional (UNICEF, 2024). Menos niños y más adultos mayores significan, en el mediano plazo, una base laboral más estrecha sosteniendo una carga de dependencia creciente.

Por otro lado, el aumento de los adultos mayores generará una presión sin precedentes sobre los servicios de salud y el sistema de pensiones. Las enfermedades crónicas y degenerativas asociadas a la edad demandarán mayor infraestructura médica, cuidados de largo plazo y gasto público en salud. Al mismo tiempo, el sistema de pensiones —tanto contributivo como no contributivo— enfrentará una carga financiera para la cual las previsiones actuales son insuficientes. Proyecciones especializadas señalan que, sin reformas adicionales, el gasto en pensiones podría alcanzar el 7.1% del PIB en 2030, impulsado precisamente por la dinámica demográfica (El Financiero, 2026). La razón de dependencia por vejez —el número de personas mayores por cada cien personas en edad laboral— se duplicará en las próximas décadas, pasando de 11.2 en 2024 a niveles que superarán los 26.8 millones de adultos mayores en 2050 (CONAPO, citado en IMCO, 2025).

El Estado de México no es ajeno a esta realidad. De hecho, por su volumen poblacional, será una de las entidades donde el envejecimiento demográfico se exprese con mayor fuerza. Las proyecciones de CONAPO estiman que la entidad alcanzará la etapa “muy avanzada” de envejecimiento hacia 2030, con más del 21% de su población en edades avanzadas (CONAPO, 2025). Eso significa que los sistemas estatales de salud, los programas de cuidados y las finanzas públicas locales tendrán que adaptarse a una realidad para la que, hasta ahora, no hay respuestas suficientes.

La demografía no es un destino inevitable, pero sí una advertencia. El Estado de México es hoy el corazón poblacional del país; en las próximas décadas será también uno de los principales escenarios del envejecimiento. Planear con anticipación —en infraestructura médica, en esquemas de pensiones sostenibles y en políticas de cuidado— no es una opción, sino una condición para no dejar a las generaciones futuras una carga que hoy podemos empezar a gestionar.

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