Jorge Dasaev Gómez

Otra mirada de “Las mañaneras del pueblo”

Pluma de Opinión

El fenómeno de la comunicación política en México ha sufrido una variación irreversible. Lo que comenzó como un ejercicio de transparencia proactiva se ha consolidado como el eje gravitacional del sistema político mexicano. Al día de hoy, jueves 12 de febrero de 2026, el contador de la narrativa oficial marca un acumulado histórico que desafía cualquier precedente de comunicación con aspiraciones democráticas desde la oficina de la presidencia.

Desde aquel 3 de diciembre de 2018, cuando se instauró la primera mañanera, hasta el cierre del mandato de Andrés Manuel López Obrador el 30 de septiembre de 2024, se llevaron a cabo 1,438 conferencias. A esta cifra debemos sumar las 337 que, hasta esta mañana, ha encabezado la presidenta Claudia Sheinbaum bajo el nuevo sello de "La mañanera del pueblo". En total, la oficina de la presidencia ha producido mil 775 ejercicios de exposición mediática diaria.

En términos de tiempo frente a la cámara, Andrés Manuel López Obrador acumuló aproximadamente 2 mil 870 horas a cuadro (el equivalente a 120 días ininterrumpidos de discurso), con un promedio de 120 minutos por sesión. Por su parte, Sheinbaum Pardo, aunque metódica en esta segunda ola de conferencias, mantiene un promedio de 90 minutos, sumando ya cerca de 500 horas ante las cámaras en apenas un tercio de su segundo año de mandato.

Newsletter
Recibe en tu correo las noticias más destacadas para viajar, trabajar y vivir en EU

La inversión, en términos presupuestarios, detrás de esta estrategia de comunicación política no es menor. Aunque la oficina de la presidencia sostiene frecuentemente que no generan erogación extra por realizarse con personal de estructura, los cruces de información en obligaciones de transparencia, permitirían formar otra historia.

El Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (CEPROPIE) de la Secretaría de Gobernación cuenta con los derechos de transmisión técnica de las mañaneras y asegura que la señal sea pública, gratuita y de libre uso para la ciudadanía. De esta manera, ha registrado presupuestos que oscilan los 30 millones de pesos anuales solo para operación básica, llegando a picos de ejecución de más de 100 millones de pesos en años de alta movilidad. Multiplicado por siete años de ejercicio, hablamos de una inversión de recursos públicos que supera en promedio los 250 millones de pesos, destinados a sostener un canal de difusión con los efectos que para cada persona representen.

A pesar de compartir el mismo escenario (el salón Tesorería de Palacio Nacional), los matices entre ambos mandatarios revelan dos formas distintas de ejercer la comunicación política.

En particular percepción, el estilo de Andrés Manuel fue una herramienta de confrontación y construcción de identidad. Su mañanera tenía la necesidad de consolidarse como un pasaje basado en la anécdota, la historia patria y la estigmatización del adversario. Era un ejercicio, en muchas ocasiones, de improvisación estratégica inteligente.

Por otro lado, el estilo Sheinbaum matiza una comunicación de gestión. Ha sustituido la retórica confrontativa por presentaciones técnicas. Sus secciones fijas como "vida saludable" o "mujeres en la historia" buscan institucionalizar la conferencia, alejándose de la volatilidad del humor presidencial y convirtiéndola en un reporte de avances administrativos con un criterio particular que, en ocasiones, mantiene el arraigo aparentemente fiel al movimiento "Cuarta Transformación".

Es una realidad que la modalidad, periodicidad y formato de estas conferencias no encuentran similitud en alguna otra latitud. Sin embargo, las habilidades que en esos ejercicios de expresión se imprimen, solo dan cuenta de un instrumento de acción estratégica. Son testimonios que no buscan convencer mediante el mejor argumento, sino vencer mediante la ocupación absoluta del espectro sonoro y visual de la nación.

La particularidad de la mañanera en México como un fenómeno de especial estudio en el contexto internacional es la personalización del mensaje. Mientras que en otros países la comunicación diaria es delegada a voceros técnicos, en nuestro país es la titular del Ejecutivo quien dedica entre 10 y 15 horas a la semana a la exposición directa.

De ninguna manera, esta dedicación del tiempo de agenda presidencial puede ni debe ser sinónimo de comunicación legítima y democrática. Pues lo anterior sólo podría lograrse al posibilitar una situación ideal de habla, donde prevalezca el entendimiento mutuo y la ausencia de coacción.

Mucho se ha debatido sobre si las mañaneras fallan en esta aspiración al invadir el espacio público e imponer una agenda única y asimétrica que impide el diálogo real. No hay búsqueda de consenso, sino una imposición de validez a través de la repetición.

Al ser ejercicios donde el emisor posee el control total del micrófono, del tiempo y de la acreditación de quien pregunta, se rompe la pretensión de veracidad y rectitud para que un discurso sea considerado democrático.

Sin duda será interesante poder realizar una perspectiva como esta que hoy comparto, al finalizar el actual sexenio y poder evaluar y medir el impacto del raiting y su respectiva aprobación de las mañaneras del pueblo, frente a un evidente uso de recursos públicos para su permanencia.

@jorge.dasaev

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: , Facebook: y X:

Te recomendamos