Dublín, Irlanda. El pasado 21 de agosto de 2025, el calendario diplomático marcó un hito que, aunque discreto frente a la magnitud de las crisis globales vigentes, resulta fundamental para el afianzamiento de las relaciones exteriores de México: se cumplieron 50 años del establecimiento de relaciones diplomáticas con la República de Irlanda.
Lo que comenzó en 1975 como un reconocimiento formal entre dos naciones de resiliencia probada, se ha transformado hoy en una alianza de beneficio económico y coincidencias éticas que, sin embargo, enfrentan hoy sus propias contradicciones internas.
El éxito de esta relación radica en la complementariedad económica. Irlanda es para México el primer socio comercial dentro de la Unión Europea en sectores de alta especialización. La inversión irlandesa en suelo mexicano, liderada por gigantes como Smurfit Kappa y Kerry Group, no sólo aporta capital, sino transferencia tecnológica en embalaje sustentable y biotecnología alimentaria.
Para Dublín, México es la plataforma manufacturera hacia América; para la Ciudad de México, la isla es el puente más ágil al mercado común europeo tras el Brexit.
No obstante, la diplomacia de la celebración por los 50 años de relaciones choca con la realidad de las políticas restrictivas. Irlanda atraviesa un fuerte debate público por el Proyecto de Ley de Protección Internacional 2026. Esta reforma, que busca agilizar las decisiones de asilo en seis meses y endurecer la reunificación familiar, responde a una crisis de vivienda sin precedentes y a una migración que supera las 59 mil personas.
México no es ajeno a esta tensión. Mientras Irlanda endurece sus fronteras y reduce ayudas a solicitantes de asilo, México lidia con su propio papel como tercer país seguro de aquellas personas que encuentran una estancia fallida en los Estados Unidos. Ambas naciones enfrentan el dilema de cómo mantener sus valores liberales frente a una opinión pública que vincula, a veces erróneamente, la escasez de servicios públicos con el flujo migratorio.
Si en Irlanda el eje es la protección internacional, en México la agenda pública de 2026 está marcada por los retos de la nueva reforma laboral. A pesar de los avances en democracia sindical, la implementación de la justicia laboral es un cuello de botella. El desafío para México en este año es triple: a) la transición hacia las 40 horas pone a prueba la productividad de las micro, pequeñas y medianas empresas; 2) la entrada en vigor de nuevas obligaciones para prevenir el acoso y garantizar la igualdad sustantiva y 3) la saturación de los nuevos tribunales laborales amenaza con replicar los vicios de las antiguas Juntas de Conciliación.
Donde la relación brilla con mayor intensidad crítica es en el multilateralismo. Durante su membresía compartida en el Consejo de Seguridad de la ONU, consolidaron una visión común sobre Mujeres, Paz y Seguridad. Hoy, esa causa se fortalece con la Iniciativa Nexus, donde ambos países impulsan los derechos sexuales y reproductivos a nivel global, reconociendo la autonomía corporal como un derecho humano no negociable.
A 50 años de distancia, el reto para la diplomacia mexicana es no permitir que esta relación se estanque en la retórica. La amistad entre naciones se prueba en la capacidad de resolver las deudas pendientes con sus propias sociedades.
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