Jorge Dasaev Gómez

La reciente ola de efectos de Ley de Transparencia de los Archivos Epstein (EFTA)

Pluma de Opinión

La firma y promulgación de la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein (EFTA) por el presidente Donald Trump el 19 de noviembre de 2025, marcó un punto medular en la narrativa del escándalo "Epstein". Sin embargo, a medida que los documentos emergen del hermetismo del Departamento de Justicia de Estados Unidos, surge la pregunta: ¿es realmente un acto de rendición de cuentas por temas humanitarios o una estrategia de control de daños calculada?

El caso de Jeffrey Epstein no es sólo la historia de un depredador sexual; es la radiografía de un sistema de impunidad facilitado por una red de poder transnacional. Tras su arresto en 2019 y su posterior muerte en una celda de Manhattan, el vacío de información alimentó teorías de conspiración que hoy, bajo el mandato de la EFTA, comienzan a confrontarse con la realidad documental. La ley exige la desclasificación masiva de registros, videos y comunicaciones, prohibiendo redacciones basadas en la sensibilidad política de los involucrados.

En el ámbito jurídico, la EFTA ha forzado una colisión de dos derechos en tensión, el acceso a la información de la sociedad y la privacidad de víctimas e imputados. Si bien se han liberado cantidades de páginas, el Departamento de Justicia ha admitido que aún retiene una parte significativa de los archivos alegando investigaciones en curso.

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Mediáticamente, el efecto ha sido sísmico. La publicación de fotografías y videos de vigilancia de las propiedades de Epstein ha transformado el escrutinio público en un juicio que se libra desde la vertiente digital. La aparición de nombres en los archivos no implica culpabilidad penal, pero en la corte de la opinión pública, la cercanía con Epstein se ha convertido en una mancha indeleble.

La desclasificación ha sacudido a élites globales. Nombres recurrentes en el ámbito político y figuras del entretenimiento. No obstante, el interés en la región se ha disparado ante las menciones de personajes vinculados a México.

Documentos recientemente liberados y reportes periodísticos sugieren que nombres de empresarios mexicanos de alto perfil, aparecen en comunicaciones o registros de eventos organizados por el círculo de Epstein.

Menciones al exembajador de Estados Unidos en México, han surgido en testimonios que alegan conocimiento de redes de tráfico en la región, aunque estas acusaciones permanecen en el terreno de la investigación preliminar y por consiguiente, todavía clasificadas.

Han emergido testimonios sobre videos que presuntamente contienen evidencia de abusos ocurridos en territorio mexicano, involucrando a exfuncionarios de la ahora extinta Policía Federal Preventiva.

Para México, la EFTA no es solo un asunto de política exterior estadounidense. Sus efectos podrían ser profundos, mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que México colaboraría solo si el Departamento de Justicia lo solicita formalmente, en cuyo caso, la presión social para abrir carpetas de investigación locales contra los nombres mexicanos mencionados será inevitable.

Para la élite empresarial y política mexicana, la aparición en estos archivos representa un riesgo reputacional en un clima político que ya es hostil hacia los privilegios de las cúpulas.

La ley podría revelar rutas de tráfico que operaron en México, obligando a una reevaluación de la seguridad fronteriza y de la complicidad institucional en sexenios anteriores.

De este modo, la EFTA es una herramienta poderosa para visibilizar aquello que integra el caso Epstein, pero su efectividad depende de que la cantidad de información que ya es pública y aquella que seguramente se sumará próximamente, no se convierta en un laberinto de distracciones. Para México, la desclasificación es un espejo incómodo que podría revelar que la red de Epstein no solo tenía clientes en las altas esferas neoyorquinas, sino que sus hilos llegaban mucho más cerca de lo que estamos dispuestos a admitir.

@jorge.dasaev

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