El pasado 12 de febrero de 2026 la Federación Rusa dio testimonio de un silencio digital a través de la prohibición oficial del uso de WhatsApp. Lo que comenzó como una serie de fallos técnicos y limitaciones intermitentes, culminó en un bloqueo total que mediáticamente se expresa como un control informativo que el Kremlin ha diseñado desde el inicio del conflicto en Ucrania.

La restricción se produce en un escenario de soberanía digital forzada. Tras años de tensiones con Meta (empresa matriz de WhatsApp, ya catalogada como organización extremista en Rusia desde 2022), el gobierno de Vladímir Putin decidió cerrar el último puente masivo que conectaba a los ciudadanos rusos con una plataforma de comunicación occidental encriptada. El endurecimiento se aceleró en agosto de 2025, cuando se prohibieron las llamadas de voz y video, preparando el terreno para el apagón definitivo hace un par de días.

El Servicio Federal de Supervisión de las Telecomunicaciones, Tecnologías de la Información y Medios de Comunicación de Rusia, (órgano regulador), sostiene que Meta ignoró el cumplimiento de las leyes rusas ante su negativa para localizar los datos de los usuarios rusos en servidores dentro del país.

Asimismo, el gobierno afirma que la plataforma es un vehículo para el terrorismo, el fraude y la difusión de información falsa sobre el ejército, por lo que, al ser una app con servicios de cifrado de datos, el Kremlin no puede auditar las conversaciones, lo que fue evaluado como un riesgo para el orden público.

Pese a la magnitud de la medida, el bloqueo no fue producto de un debate abierto en el poder legislativo, sino una decisión administrativa ejecutiva respaldada por las denominadas leyes de "Internet Soberano" previamente aprobadas, que otorgan al gobierno la facultad de restringir servicios extranjeros sin previo aviso.

WhatsApp no era una aplicación más; era la infraestructura de la vida diaria en Rusia. Se estima que más de 100 millones de personas utilizaban la plataforma mensualmente. De esta manera, la población usuaria pierde su principal herramienta de contacto con familiares en el extranjero y su espacio de mensajería privada. Para las pequeñas empresas que operaban mediante WhatsApp Business, el golpe es económico y logístico.

Detrás del bloqueo existe un interés comercial y de control claro: la migración forzada a MAX, una aplicación de servicios integrales lanzada en 2025 por el gigante tecnológico VK Group, bajo la supervisión directa del Kremlin, que integra servicios gubernamentales, pagos electrónicos y mensajería.

A diferencia de WhatsApp, MAX no ofrece cifrado de datos, lo que facilita que las autoridades accedan a datos y contenidos de los usuarios bajo el sustento de la denominada "Ley Yarovaya", que obliga a todas las empresas de telecomunicaciones y proveedores de servicios de internet, entre otras cosas, a almacenar las grabaciones de llamadas telefónicas y el contenido de los mensajes de texto por seis meses; regula la conservación de quién llamó, a quién, desde dónde y por cuánto tiempo, de todas las comunicaciones por un periodo de tres años y, de manera particular, instruye a que cualquier servicio que utilice cifrado deberá proporcionar al gobierno las llaves para conocer los mensajes de los usuarios.

Para Meta, la pérdida del mercado ruso supone un golpe reputacional y una merma en sus ingresos regionales. Aunque WhatsApp generaba ingresos principalmente vía WhatsApp Business, el mercado ruso representaba una cuota de crecimiento importante que ahora se ha cancelado.

Meta, a través de portavoces de WhatsApp, ha señalado que el objetivo real de Rusia frente a esta decisión no es el cumplimiento de leyes técnicas, sino eliminar los espacios de comunicación privada que el gobierno no puede monitorear.

La comunidad internacional y organismos de derechos humanos han calificado el evento como un atentado contra las libertades informáticas. Se denuncia que esta restricción vulnera el derecho de acceso a la información y la privacidad, orillando a la población hacia un contexto donde el Estado es el único administrador de los flujos informativos sean públicos o privados.

El bloqueo de WhatsApp en Rusia no es una cuestión de cumplimiento técnico. Es un acto de aislamiento político. Al cerrar esta ventana, el gobierno no sólo silencia una herramienta; elimina la posibilidad de una comunicación que escape a su vigilancia y, consecuentemente, censura las libertades de una población usuaria casi proporcionalmente al tamaño de habitantes en países como Irán, Turquía y Alemania.

@jorge.dasaev

CITA:

La comunidad internacional y organismos de derechos humanos han calificado el evento como un atentado contra las libertades informáticas.

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