La madrugada del 3 de enero de 2026, el mundo y particularmente América Latina, contemplamos cómo la soberanía de Venezuela era vulnerada en horas. La sustracción del presidente de Venezuela en turno y su esposa, por fuerzas especiales estadounidenses, no solo reescribió el derecho internacional por la vía de los hechos, sino que encendió una serie de posibilidades similares en México, en criterio del presidente Donald Trump.
Ante la retórica de seguridad hemisférica de Washington, cabe preguntarse: ¿qué contexto constitucional y político se actualizaría en México si Estados Unidos intentara un intervencionismo táctico?
Si nuestro país vecino del norte intentara justificar una irrupción en México, a diferencia del caso venezolano, donde la institucionalidad está erosionada, en nuestro país la Constitución encausa una serie de disposiciones que blindan actuaciones de emergencia por parte de la figura presidencial y del Congreso (en lo general y por la Cámara Alta).
Un intento de sustracción, o bien, operaciones militares múltiples, no serían leídas como un acto de justicia penal, sino como una agresión al Pacto Federal. Por disposición constitucional la presidenta tiene la facultad y la obligación de preservar la seguridad nacional y disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente (Ejército, Armada y Fuerza Aérea) para la defensa exterior.
En una perspectiva reaccionaria, el Estado mexicano no se disolvería; se transformaría. El marco legal vigente prevé escenarios de excepción que cambiarían la vida pública en minutos:
- Ante una invasión o perturbación grave de la paz pública, la presidenta, con aprobación del Congreso, decretaría un estado de excepción que permitiría al Estado centralizar recursos y decisiones para repeler la agresión, otorgando facultades extraordinarias al Ejecutivo para dictar leyes de emergencia.
- El Senado, por su parte, tendría que autorizar el movimiento de tropas y, de ser necesario, declarar la desaparición de poderes en zonas donde la intervención extranjera haya cooptado el control local.
- De manera última, el Congreso de la Unión, podría declarar la guerra con base en datos que le presentara la presidenta.
Una intervención estilo Venezuela en México sería, ante todo, un suicidio económico bilateral. Mientras que Venezuela estaba aislada financieramente, México es el principal socio comercial de Estados Unidos.
Se configuraría una ruptura de cadenas de suministro. Esto es, el 80% de las exportaciones mexicanas van al norte. Una intervención militar cerraría la frontera, colapsando la industria automotriz y tecnológica de Texas y California, por mencionar una perspectiva.
Acrecentaría la incertidumbre jurídica que afamó la reciente reforma judicial de 2025 y que ha puesto ya en guardia a los inversionistas, por lo que una intervención militar terminaría de sepultar cualquier rastro de certeza, provocando una fuga de capitales que desestabilizaría no sólo al peso, sino al dólar por su interdependencia.
México posee un componente que Venezuela no tenía en la misma magnitud: una diáspora de aproximadamente 36 millones de personas de origen mexicano viviendo en el país interventor. Una agresión militar activaría un nacionalismo reactivo tanto dentro como fuera de las fronteras. El escenario similar derivaría no en una transición democrática, sino en un conflicto de insurgencia y resistencia civil.
México no es una isla política ni una potencia petrolera aislada. Es un componente vital del cuerpo norteamericano. Legitimar una intervención bajo el pretexto de combatir al crimen organizado como sugieren las doctrinas de la administración Trump en 2026 ignoraría que, en México, el Estado y la Constitución son una sola entidad indivisible ante el extranjero.
La lección de Venezuela para México no debe ser solo una posibilidad de intervención, sino la urgencia de fortalecer el Estado de Derecho interno y cohesionar esfuerzos de federalismo cooperativo.
La mejor defensa contra una intervención no es el armamento, sino una sociedad informada y deliberativa. Es necesario creer y querer que, en México, a diferencia de otras latitudes, la soberanía no se negocia; se ejerce o se pierde en el intento, es la aspiración de muchos de nosotros.
@jorge.dasaev
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