Jesús E. Lujambio

El Incidente

CARTÓGRAFO FÍLMICO

Vi El incidente (2014) en un horario que uno reserva para admitir lo que va a doler mientras el café se enfría con la lentitud insidiosa de las cosas que importan cuando la atención está puesta en otra pantalla. Al terminar y mientras los créditos subían una sensación que confundí con angustia se revelaba como reconocimiento la vergüenza de quien encuentra una foto vieja en un cajón que solo abre por accidente.

Mostraba el plano de mi propia relación con el tiempo, gesto de demostración constituye un terror más íntimo que cualquier ficción, llevo años o décadas dentro de un bucle que decoré para que pareciera proyecto agenda camino. La película de Ezban opera con economía cruel en la que un incidente inexplicable quiebra el tiempo y congela el espacio y los personajes repiten el mismo día treinta y cinco años sentados en una escalera comiendo lo mismo aceptando la basura idéntica. Como habitante del tiempo me pregunto si la libertad será otra cosa si el bucle será la zona de confort de la especie si la rutina será la estrategia suprema de sumisión biológica para resguardarse del vacío absoluto de la nada, la cual late como única alternativa real al pasillo infinito de la repetición.

En qué año exacto del trabajo que callaba, de la relación vuelta un puro estar desnudo, del trauma administrado como enfermedad crónica con la esperanza archivada, abandoné la búsqueda de la salida y me senté en el suelo. La costumbre entraña una rendición silenciosa con la parte de mí que prefiere la locura predecible al terror atroz de lo nuevo y el bucle es un trato que firmé con la atención en otra parte. La comprensión del tiempo es inherentemente tardía y me pregunto con el café helado si la inteligencia humana está diseñada para valorar únicamente lo que se vuelve irrecuperable.

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¿Qué verdades postergó hoy con cinismo metódico sabiendo que las aceptaré cuando sea demasiado viejo para que el cambio impacte? La pregunta tiene forma de espejo cubierto con un paño. Irrumpen los dioses desterrados: lo que más duele de El incidente es la basura, las mochilas idénticas, las envolturas llenando pasillos mientras los cuerpos se deterioran. Si el tiempo solo acumula residuos ¿somos algo más que máquinas de consumir y envejecer? Miro atrás y cuestiono si mis recuerdos son crecimiento o amontonamiento de objetos, suscripciones y notificaciones que disimulan el vacío.

Gritó entonces con lo que queda de memoria antes de que se vuelva dato: Oh Kairós (dios del tiempo) devuélveme el instante cualitativo el momento que valía por su fulgor antes que por su lugar en la cadena de producción. ¿Cuándo te cambié por la agenda y por la frase el tiempo es dinero repetida hasta volverse creencia? Oh tiempo cíclico ¿dónde quedaste dentro de mi canto?

Yo cantaba antes de volverme administrador eficiente de mi encierro cuando el tiempo era una espiral donde regresar significaba hondura. Los maté a ambos con la idea del tiempo efectivo y otras enseñanzas que permanecen atravesadas. La película me obliga además a mirar la traición del relevo en la que el viejo elige callar ante el joven y el ciclo se perpetúa. ¿Desde qué cinismo renunciamos las generaciones maduras a salvar a las nuevas del mismo sufrimiento? ¿Es el egoísmo existencial, si yo sufrí tú debes sufrir, el motor de la historia?

La última revelación que me inmovilizó frente a la pantalla negra es que el incidente ocurre porque dejamos de mirar: un error humano, una distracción y una explosión de violencia en un instante que se volvió mecanismo. El tiempo se vuelve prisión justo cuando abandonamos la experiencia significativa.

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