Toluca se Pone en Forma es una expresión que sintetiza una visión positiva de la ciudad. La iniciativa merece reconocimiento por su enfoque preventivo, su acompañamiento profesional gratuito y el respaldo técnico que la sustenta. Apostar por la salud pública como eje del desarrollo humano es una decisión responsable y oportuna. Si Toluca se pone en forma, fortalece su capital humano y envía un mensaje claro: el bienestar no es discurso, es política pública con estructura y método.
Sin embargo, junto a estas acciones loables, Toluca enfrenta un desafío igualmente relevante: la formalidad. Porque así como Toluca se pone en forma, Toluca debe ponerse formal. La capital del Estado de México no sólo requiere programas innovadores; exige coherencia institucional y orden urbano. La llegada de nuevos eventos culturales, como Primaverarte, obliga a consolidar un entorno congruente con el espíritu de transformación que se busca proyectar.
Dinámicas como la venta no regulada de frituras, cigarrillos, atoles o alimentos preparados sin control sanitario ni fiscal no son compatibles con una narrativa de innovación y bienestar. Tampoco lo es la ocupación del espacio público por esquemas informales donde, en no pocos casos, existen intermediaciones que poco tienen que ver con la protección del bienestar de quienes trabajan. El espacio público es de todos y su uso debe regirse por reglas claras, equidad y responsabilidad.
Los gobiernos que han enmarcado su actuación bajo conceptos como bienestar y transformación encuentran aquí una prueba concreta de coherencia. No puede hablarse con holgura de transformación mientras persistan prácticas que normalizan la informalidad, la venta de cigarrillos sueltos o la comercialización de espacios comunes sin regulación visible. La transformación no solo se proclama; se ordena, se regula y se sostiene con legalidad.
La proximidad del Mundial de Futbol 2026 coloca a Toluca ante una oportunidad histórica. Sociedad civil, empresas y gobierno han comenzado a coordinar acciones para mejorar la imagen urbana y proyectar una ciudad competitiva, culturalmente activa y responsible. No basta con embellecer fachadas o impulsar festivales; es indispensable consolidar una cultura de formalidad que acompañe cada esfuerzo.
La formalidad no es exclusión, es dignificación. Significa condiciones justas y transparentes tanto para el comercio establecido como para quienes deseen integrarse a la economía bajo reglas claras. Significa equilibrio entre dinamismo económico y respeto al espacio común. En síntesis: si Toluca se pone en forma, avanza en salud; si Toluca se pone formal, consolida su transformación.
La pregunta es directa: ¿qué esperamos para asumir, con determinación, el compromiso de convertirnos en una capital verdaderamente formal? La posibilidad está al alcance. Orden, coherencia y voluntad pueden hacer que el discurso de bienestar encuentre su expresión más sólida en una ciudad que honra su carácter de capital.
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En síntesis: si Toluca se pone en forma, avanza en salud; si Toluca se pone formal, consolida su transformación.