En México, el sistema de retiro tiene tres vías principales: los esquemas pensionarios de reparto regulados por el estado para quienes cotizaron antes de las reformas de finales del siglo pasado, el sistema de ahorro para el retiro basado en cuentas individuales, y los instrumentos de ahorro voluntario privados o complementarios.
Las administradoras de fondos para el retiro, conocidas como Afores, surgieron tras la reforma a la Ley del Seguro Social y comenzaron a operar oficialmente el 1 de julio de 1997. Desde esa fecha, sustituyeron el antiguo modelo de reparto colectivo por un esquema de capitalización individual, donde cada trabajador tiene una cuenta propia.
Las Afores operan mediante la captación de aportaciones tripartitas obligatorias, integradas por el patrón, el gobierno federal y el propio empleado. Estas instituciones financieras canalizan los recursos acumulados hacia las sociedades de inversión especializadas en fondos para el retiro, denominadas Siefores. Estas últimas invierten el dinero en una diversidad de portafolios que incluyen deuda gubernamental, renta variable nacional e internacional y proyectos de infraestructura.
Con el fin de mitigar riesgos y optimizar rendimientos, las Siefores operan bajo un modelo generacional; el capital se distribuye en distintos fondos según la edad del titular, aplicando estrategias de inversión de mayor riesgo y potencial de ganancia para los jóvenes, que se vuelven más conservadoras y estables a medida que la persona se aproxima a la edad de jubilación.
El impacto económico de este sistema es masivo. Al cierre del primer trimestre de 2026, las Afores administran una cifra récord que supera los 8.49 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 24 por ciento del Producto Interno Bruto de México. Esta gigantesca masa de capital convierte al sistema de ahorro en uno de los motores financieros y de inversión interna más relevantes para el desarrollo nacional.
En cuanto a la cobertura y los derechos de acceso, la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro reporta que existen más de 70.2 millones de cuentas individuales registradas. Esto significa que tienen derecho a una Afore todos aquellos trabajadores formales inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social o en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, además de los trabajadores independientes que decidan afiliarse por cuenta propia para construir su patrimonio.
A pesar del volumen de recursos, el futuro de los planes de retiro en México enfrenta retos estructurales muy complejos. La alta tasa de informalidad laboral, que afecta a más de 32 millones de personas, condena a una gran parte de la población a envejecer sin una protección financiera formal.
Adicionalmente, las reformas legislativas recientes que toparon las comisiones de las administradoras e impulsaron la creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar buscan aliviar las bajas tasas de reemplazo del modelo original, pero la sostenibilidad fiscal a largo plazo sigue bajo escrutinio. Ante este panorama, la viabilidad del retiro en el país dependerá inevitablemente de la adopción masiva de Planes Personales de Retiro privados y del fomento agresivo del ahorro voluntario, herramientas indispensables para complementar las pensiones básicas y asegurar una vejez digna.
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