En septiembre de 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a la región de las Américas, como libre de sarampión, la primera de las cinco regiones del mundo. Un logro que se alcanzó tras 22 años de esfuerzos, una constante vigilancia epidemiológica y de laboratorio que requirió de una amplia cobertura de vacunación contra el sarampión, así como contra paperas y rubéola.
Sin embargo, a poco menos de 10 años de este triunfo en materia de salud, la región de América y el mundo entero han registrado un crecimiento importante de los casos de sarampión.
De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en los últimos 5 años han aparecido brotes de sarampión en más de 100 países, donde viven aproximadamente el 75 por ciento de todos los niños y niñas del mundo. Esto, como resultado de una baja en los niveles de vacunación por parte de la población y de las naciones responsables de estas campañas.
En lo que corresponde a México y tras 347 días de que se activó la primera alerta sanitaria por un caso confirmado de sarampión en el país, se han registrado un total de 6 mil 721 casos, así como 24 defunciones hasta la Semana Epidemiológica 1 de 2026. Datos publicados en el informe más reciente de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud.
Especialistas de salud consideran que cada persona infectada por sarampión puede contagiar hasta a 20 más, lo que eleva el riesgo de brotes y complicaciones graves. Las vacunas son el mejor método para evitar la propagación de la enfermedad.
Y en México ¿qué medidas existen para evitar el aumento de los casos de sarampión y otras enfermedades virales?
Pues bien, en el periodo presidencial de Porfirio Díaz (1876-1911), por primera vez se dio la conciliación de las reglamentaciones sanitarias dentro del país, un precedente importante antes de la instauración de un sistema de salud y vacunación.
El Consejo Superior de Salubridad en México, aprende de Pasteur la forma de preparación de la vacuna antirrábica que empieza a utilizarse en 1888. Mientras que para 1891, el código sanitario aconsejaba vacunar a niños desde los 4 meses de edad, y en 1903 se hizo obligatoria esta práctica. Alcanzando en 1905 la creación del Instituto Bacteriológico Nacional.
Tras estos avances, el 20 de octubre de 1978 se instituyó la Cartilla Nacional de Vacunación por Decreto Presidencia, entrando en vigor el 1ro de enero de 1979 con el propósito de apoyar al Sistema Nacional de Salud en el registro de las acciones de vacunación a menores de 5 años.
Mientras que para 1991, por decreto presidencial, se creó el Programa de Vacunación Universal, antecedente de la Campaña Nacional de Vacunación vigente actualmente, en ese mismo año se fundó el Consejo Nacional de Vacunación (CONAVA), en el que hasta la fecha participan representantes de todas las instituciones del sector salud.
En la actualidad, el Programa de Vacunación Universal (PVU) del gobierno federal tiene el objetivo de reducir la morbilidad y mortalidad por enfermedades prevenibles por vacunación, alcanzar y mantener coberturas de vacunación del 95 por ciento mediante biológico y el 90 por ciento de cobertura con esquema completo en cada grupo de edad.
No podemos perder de vista que la vacunación es una de las intervenciones de salud pública más efectivas, salva millones de vidas anualmente al prevenir enfermedades graves, discapacidades y muertes en niños y adultos.
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