Febrero nos recuerda dos fechas que, más allá de su conmemoración, subrayan la urgencia y la necesidad continua de promover la paridad de género en todos los ámbitos de la vida humana.
La primera es el 6 de febrero, en la que se conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF), una práctica que persiste como una grave violación extrema de los derechos humanos que afecta a millones de niñas y mujeres en todo el mundo. Organizaciones internacionales como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) estiman que aproximadamente doscientos treinta millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sido sometidas a la mutilación genital femenina en sus vidas. No se trata de una cifra: es la vida de niñas que fueron afectadas a edades muy tempranas; lamentablemente, esta práctica sigue presente.
La segunda es el 11 de febrero, cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Fecha que pone la atención en otro aspecto relevante: qué ocurre cuando a las niñas se les garantiza el derecho a aprender, a permanecer en la escuela y a desarrollar su curiosidad. Esta conmemoración fue proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2015 y nos recuerda que el acceso a la educación científica no es solo una cuestión vocacional, sino una condición básica para la igualdad.
A pesar de los avances, las mujeres continúan subrepresentadas en la investigación y en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM por sus siglas en inglés). Esta brecha se construye desde la infancia: cuando muchas niñas abandonan la escuela antes de tiempo, enfrentan barreras culturales o asumen responsabilidades (como el matrimonio o la maternidad temprana) que interrumpen su formación. Por eso, hablar de niñas en la ciencia también es hacerlo
desde la prevención de prácticas que les arrebatan el futuro, con la intención de garantizar su crecimiento mediante opciones reales para decidir quiénes quieren ser y qué quieren aportar a la sociedad. Estas dos fechas están profundamente interconectadas: mientras que la MGF representa un obstáculo extremo para la salud, la educación y la igualdad de oportunidades, el reconocimiento de las mujeres y las niñas en la ciencia simboliza lo que está en juego cuando garantizamos condiciones igualitarias desde la infancia. No podemos hablar de paridad si las niñas están expuestas a prácticas que las marginan, enferman o las excluyen del sistema educativo.
El mensaje es claro: las niñas deberían estar en la escuela para aprender, preguntar y visualizarse como científicas, ingenieras, médicas o creadoras de conocimiento y no enfrentar matrimonios o maternidades a edades tempranas que limitan su educación y su futuro. Para que sea posible un cambio significativo, se necesita un compromiso compartido entre instituciones educativas que formen desde la igualdad, gobiernos que impulsen políticas públicas que mantengan a las niñas en las aulas y autoridades que promuevan activamente la educación, en conjunto podrían prevenir y sancionar prácticas que siguen reproduciendo la desigualdad desde la infancia, como el matrimonio infantil y la MGF.
Con un esfuerzo sostenido y coordinado entre instituciones y sociedad podremos avanzar hacia un futuro en el que la paridad no sea un ideal, sino una realidad tangible para todas las personas.
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