Emilio Estrada Boyso

Una avalancha humana asedia al Everest

El llamado de la montaña

El Día Internacional del Everest (8 mil 848 m) es promovido por el gobierno de Nepal desde 2008 para recordar que un 29 de mayo, pero de 1953, el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay lograron el primer ascenso registrado a la cumbre más alta del planeta. Ahora, poco más de siete décadas después, el coloso del Himalaya se debate entre el turismo masivo y un creciente deterioro ambiental.

De acuerdo con las crónicas de la época, ambos exploradores se dieron la mano al llegar a la cima y de inmediato buscaron algún rastro dejado por los ingleses George Mallory y Andrew Irvine, quienes fueron vistos por última vez a escasos 300 metros de la cúspide en 1924, sin que hasta hoy sepamos si fueron realmente los primeros en alcanzar el "techo del mundo".

Mientras Hillary regresó al campo base celebrando que habían "vencido al bastardo", su experimentado acompañante se arrodilló en la cumbre y depositó una ofrenda para agradecer a la montaña que los tibetanos llaman Chomolungma (diosa madre del mundo) y los nepalíes Sagarmatha (frente del cielo).

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Nuestro ego ha convertido al Everest en escenario de una competencia permanente: quién puede escalarlo más rápido; con o sin oxígeno suplementario; por distintas rutas; en diferentes estaciones del año; en solitario o con apoyo de sherpas; el más joven; el más viejo, y un largo etcétera.

Como era previsible, la masificación de este ecosistema trajo consigo un daño ambiental que, sumado a los efectos de la crisis climática, lo ha colocado en una auténtica encrucijada, debido a las toneladas de residuos materiales, los desechos humanos acumulados y los cadáveres abandonados, así como al paulatino derretimiento de sus glaciares, que aumenta el riesgo durante el ascenso.

Particularmente este año, cuando se otorgaron 494 permisos y, en un día, 274 personas alcanzaron la cima el 20 de mayo pasado, aunque solamente una persona lo consiguió sin apoyo logístico ni oxígeno suplementario, según datos del Departamento de Turismo de Nepal y de la Expedition Operators Association of Nepal.

Cabe aclarar que, esta temporada, las autoridades chinas no permitieron el acceso para extranjeros por la ruta tibetana, motivo por el cual la vertiente nepalí experimentó mayor saturación. Aun así, la marca absoluta sigue siendo la de 2019, cuando se contabilizaron 354 excursionistas en una sola jornada por ambas vías.

Lo cierto es que la dependencia económica nepalí respecto del montañismo comercial es tan innegable como insuficientes han sido los esfuerzos para regular la afluencia de visitantes y mitigar el impacto ecológico en el pico más alto de la Tierra. Al final, son dos caras de una misma moneda.

Esta avalancha de récords -permítaseme la expresión- no merece equipararse con aquellas hazañas épicas que privilegiaban la autosuficiencia, el riesgo técnico, la exploración y el estilo puro de un Reinhold Messner o un Carlos Carsolio.

Brújula. A propósito de cifras inéditas, se cumplen 292 días desde que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas cerró el acceso al emblemático Xinantécatl; seguimos a la espera de su "nuevo modelo de atención turística". El tiempo sigue corriendo. Te lo digo, Everest, para que lo entiendas, Nevado de Toluca.

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