Con la llegada de la primavera repetimos la misma conducta: intentar reconectar con la naturaleza. Hay quienes visten de blanco y acuden a zonas arqueológicas como Teotihuacán para recuperar energía, santiguarse o hacerse una limpia, convencidos de que el ciclo se renueva, aunque en realidad se simula.
A lo largo de la historia, la humanidad ha otorgado a las montañas un carácter sagrado. En sitios donde las elevaciones naturales eran inexistentes o limitadas se levantaron pirámides y templos para representarlas. Para los pueblos mesoamericanos servían como observatorios que permitían medir el tiempo y dotar de sentido a la existencia. Se procuraba mantener un vínculo espiritual.
Pero ese gesto simbólico no trasciende el plano de las creencias; soslaya una concepción más profunda. Además del inicio de la primavera, en los próximos días también se conmemorarán el Día Internacional de los Bosques, el Día Mundial del Agua y el recientemente establecido Día Mundial de los Glaciares, todos reconocidos a nivel internacional.
No se trata de efemérides aisladas, sino de un mismo proceso. Los glaciares almacenan la mayor reserva de agua dulce del planeta y su acelerado derretimiento es alarmante. Los bosques regulan el clima, pero su deforestación y la erosión del suelo debilitan su función primordial.
La idea misma de “renovación” merece matizarse. Es un error asumir que los recursos naturales son infinitos. Desde una perspectiva ecológica, debe entenderse que existen umbrales a partir de los cuales la degradación deja de ser reversible en escalas de tiempo humanas. No todo vuelve a empezar.
Por ello, conviene reconocer los límites. El desafío ya no es interpretar simbólicamente a la naturaleza, sino mantener las condiciones que la hacen posible. La responsabilidad social ya no es una opción: es condición de permanencia.
Afrontarlo implica desplazar la mirada. Más que recuperar energía o intentar armonizar con el entorno, se trata de tomar conciencia de que la renovación depende de un equilibrio cada vez más frágil.
La pérdida de masa glaciar, la degradación forestal y la presión sobre las fuentes de agua no son fenómenos independientes; son manifestaciones de un mismo desequilibrio. La naturaleza no se renueva por voluntad. Se protege o se pierde.
Brújula. En vísperas del equinoccio de primavera de 2026, autoridades federales y estatales alistan un operativo en la zona arqueológica de Teotihuacán, para proteger los vestigios y garantizar la seguridad de los más de 35 mil turistas que podrían asistir este fin de semana a la Ciudad de los Dioses.
La lista de restricciones es por demás elocuente: prohibido el ascenso a la Pirámide del Sol y el vuelo de drones; no se permitirá el ingreso de mascotas, bebidas alcohólicas, estupefacientes, bocinas, instrumentos musicales, casas de campaña, anafres, sombrillas de playa y cualquier otro objeto de grandes dimensiones.
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