En el verano de 2015, una ola de asaltos en el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl Zoquiapan alertó al gobierno mexiquense y movilizó a la ciudadanía con un solo objetivo: defender la seguridad de quienes practicaban montañismo, senderismo y otras actividades recreativas en una zona que abarca casi 40 mil hectáreas.
Fue así como en septiembre de ese mismo año, en respuesta a una exigencia colectiva, se creó la Policía de Alta Montaña y Agreste, perteneciente a la Secretaría de Seguridad del Estado de México. Incluso, el primer agrupamiento integrado por cincuenta elementos recibió capacitación por parte de experimentados montañistas.
Al cumplirse una década de su existencia, se comprueba que cuando las autoridades y la sociedad unen esfuerzos, las mejores soluciones pasan de largo por un escritorio o cualquier ventanilla de atención.
Desde entonces, su misión ha sido salvaguardar la integridad de quienes visitan las zonas montañosas y boscosas de la entidad, además de colaborar con otras instituciones en acciones de vigilancia y protección de carácter ambiental.
Particularmente, su desempeño se concentra en el Nevado de Toluca, el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl Zoquiapan y el Parque Estatal Sierra de Guadalupe. No hay que olvidar que, en suelo mexiquense, se localizan tres de las cinco montañas más altas del país.
Según cifras difundidas recientemente por la propia Secretaría de Seguridad estatal, a cargo de Cristóbal Castañeda Camarillo, el año pasado los elementos de Alta Montaña y Agreste atendieron 544 reportes, entre auxilio a personas lesionadas y excursionistas extraviados, así como apoyo para contener incendios forestales.
Independientemente de las estadísticas conviene recordar que, tristemente, el mayor peligro de salir a espacios naturales ya no es el entorno en sí mismo, la falta de preparación física o de equipo básico, sino la persistente inseguridad aún en zonas de difícil acceso, tal como lo hemos denunciado en este espacio.
Por ello, el mapa de riesgo ya no se limita a revisar los reportes climatológicos y considerar escenarios ante posibles situaciones de emergencia propias del montañismo, sino también protocolos muy bien definidos antes, durante y después de cada expedición, a fin de disminuir las amenazas ajenas al entorno.
Si bien la montaña ha sido un territorio que impone respeto, ahora también nos expone. No obstante, negar los avances —por mínimos que sean—, desdeñarlos por ignorancia o juzgarlos a la ligera, nos impide exigir su mejoramiento.
Brújula. Gran acierto, por parte de TV UNAM, la transmisión de la serie: “A treinta años de la reactivación del Popocatépetl”, la cual repasa en cinco capítulos el despertar de Don Goyo en diciembre de 1994, mediante entrevistas a científicos, autoridades del Centro Nacional de Prevención de Desastres e invaluable material de archivo; la producción rescata un episodio que marcó un parteaguas, en materia de monitoreo volcánico y protección civil en nuestro país.
Síguenos en nuestras redes sociales:
Instagram: @eluniversaledomex, Facebook: El Universal Edomex y X: @Univ_Edomex