Emilio Estrada Boyso

El mito de Sísifo

El llamado de la montaña

Durante muchos años, las campañas de reforestación se basaron únicamente en plantar árboles y dejar que la naturaleza siguiera su curso. Sin embargo, con frecuencia olvidamos que la crisis forestal responde a una serie de fenómenos que modifican profundamente la estructura del entorno.

Tanto académicos como autoridades han documentado las consecuencias del cambio de uso de suelo. Cuando los bosques se convierten en zonas agrícolas, ganaderas o urbanas dejan de funcionar como sistemas ecológicos, alterando dinámicas fundamentales para mantener el equilibrio ambiental.

Plantar árboles es una medida necesaria, pero no garantiza la recuperación de un ecosistema forestal. La restauración implica suelos vivos, biodiversidad, ciclos hídricos y procesos ecológicos que no se reconstruyen de manera automática. Queda claro que reforestar no es restaurar.

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Y es que, mientras la Protectora de Bosques del Estado de México apuesta por una labor que trasciende la mera reforestación, mediante acciones para rehabilitar territorios degradados, restaurar suelos, captar agua y restablecer cobertura vegetal, las causas de la pérdida forestal persisten.

La tala ilegal es parte de la misma lógica de deterioro. La propia Comisión Nacional Forestal ha reconocido que un volumen importante de la madera que se comercializa en el país tiene un origen ilegal o no regulado.

Especialistas de la Universidad Autónoma del Estado de México señalan que, en municipios como Amecameca, la explotación forestal (legal e ilegal) convive con prácticas informales y relaciones de poder. El bosque ha dejado de ser un recurso natural y se ha convertido en un botín económico.

Este problema tampoco opera de forma aislada: está vinculado con economías locales, cadenas de intermediación y debilidades institucionales que dificultan su control. No es solo un delito, sino un síntoma estructural.

Peor aún, en muchas zonas forestales de la entidad el sonido de motosierras es cada vez más habitual. Tampoco es raro observar camiones repletos de troncos que no portan placas ni permisos a la vista.

La comunidad montañista que recorre con frecuencia los bosques mexiquenses da cuenta de superficies repentinamente devastadas, una realidad que evidencia la magnitud del problema.

Esta situación evoca el mito de Sísifo, personaje de la mitología griega condenado por los dioses a empujar eternamente una roca montaña arriba para verla descender una y otra vez sin alcanzar la cima.

Mientras no se atienda de manera efectiva el cambio de uso de suelo y se combata frontalmente la tala ilegal, cada esfuerzo de restauración corre el riesgo de volver al punto de partida, como la roca de Sísifo descendiendo una vez más por la ladera.

Brújula. El montañismo nacional está de luto por el reciente deceso del mexicano Daniel Navarro y su esposa Sandra Covone, quienes perdieron la vida al ser sorprendidos por una avalancha mientras ascendían el Nevado Tocllaraju (6.034 m), en la Cordillera Blanca del Perú. Se trata de una de las cumbres más exigentes de aquella región, conocida por sus condiciones técnicas y la inestabilidad de sus glaciares.

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