En la historia del montañismo contemporáneo, el periodo entre 1950 y 1964 quedó registrado como la época de oro del himalayismo. Fue entonces cuando se alcanzaron por primera vez las cumbres más altas del planeta ubicadas en Asia, conocidas como los "catorce ochomiles".

También surgió gran parte de la literatura clásica del montañismo, a partir de la publicación de diarios y crónicas de aquellas expediciones -principalmente británicas, francesas e italianas-, que inspiraron a las siguientes generaciones. La palabra escrita permitió imaginar la cima antes de alcanzarla y entender los riesgos de ir a su encuentro.

Todo comenzó con el Annapurna (8 mil 091 mts), primer ascenso confirmado a una cima de más de ocho mil metros de altura en 1950. Le siguieron el Everest (8 mil 848 mts) en 1953 y el K2 (8 mil 611 mts) en 1954, hasta que en 1964 se coronó la última de las catorce, el Shishapangma (8 mil 027 mts).

Durante esos años, los grandes picos también fueron paisajes narrados. Las expediciones se organizaban a partir de lo ya escrito: mapas incompletos, testimonios y crónicas que advertían tanto de la gloria como del peligro. Se aprovechaba la experiencia del otro convertida en memoria.

Sin embargo, la relación se ha trastocado. En una era dominada por la inmediatez, la experiencia sustituye a la comprensión y la imagen al relato. La cumbre se consume casi al mismo tiempo en que se alcanza.

Pero no siempre fue así. El ascenso comenzaba mucho antes del primer paso: al pie de una página, en la lectura que abría camino. Textos como Annapurna, de Maurice Herzog, o The Mountains of My Life, de Walter Bonatti, no sólo narraron hazañas: definieron una forma de estar en la montaña. Más tarde, Reinhold Messner llevaría esa tradición al límite, defendiendo un alpinismo ligero y sin oxígeno que también fue, antes que nada, una idea escrita.

La literatura de montaña ofreció un lenguaje para pensar el riesgo y una ética para asumirlo. Antes de cada ascenso hubo una historia que lo hizo imaginable.En esa tradición, La montaña y el hombre (Georges Sonnier, 1970) es probablemente la obra clásica por excelencia.

Por eso, quizá uno de los mayores riesgos de nuestro tiempo no esté en la montaña, sino en abandonar su literatura.

Brújula. Esta semana, la Gobernadora Delfina Gómez Álvarez felicitó en redes sociales a Santiago Conzuelo García, quien obtuvo la medalla de oro en la Olimpiada Nacional CONADE 2026, en la categoría de escalada deportiva sub-19.

El joven, originario del municipio de Almoloya de Juárez, descubrió la disciplina durante la transmisión de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Desde entonces, se ha dedicado a practicarla y ya comienza a destacar a nivel nacional.

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