Emilio Estrada Boyso

Cuando el riesgo se convierte en espectáculo

El llamado de la montaña

La difusión de imágenes atribuidas a una persona que habría ascendido al Popocatépetl (5,426 m) para grabar el cráter plantea una pregunta que va más allá de la audacia individual: ¿qué sentido tiene exponerse a un peligro extremo para obtener escenas que después circularán en las redes sociales?

Identificado por los medios de comunicación como Francisco González, el protagonista habría justificado su incursión como una forma de advertir sobre el riesgo que implicaba. Sin embargo, alertar acerca de una amenaza no significa que sea necesario exponerse a ella. Mucho menos convierte una conducta que contradice las recomendaciones de seguridad en un ejemplo digno de imitación.

El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) mantiene la recomendación de no subir al volcán y respetar el radio de exclusión de 12 kilómetros alrededor del cráter. No se trata de una restricción arbitraria: las explosiones pueden expulsar fragmentos incandescentes capaces de causar lesiones mortales.

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La preparación y experiencia son indispensables en la montaña, pero no garantizan el control sobre las condiciones naturales. Conocer el terreno también significa aceptar cuándo nuestras capacidades dejan de ser suficientes y cuándo continuar implica asumir un riesgo injustificable.

El problema adquiere otra dimensión cuando estas incursiones se convierten en contenido para las redes sociales. Las imágenes impactantes atraen miradas, despiertan curiosidad y pueden alimentar la percepción de que desafiar los límites constituye una prueba de valor. No se puede afirmar que esa haya sido la intención del protagonista, pero sí debemos cuestionarnos qué mensaje reciben quienes observan estas escenas sin conocer los riesgos que entrañan.

El Popocatépetl no necesita que alguien se acerque a su cráter para demostrar su importancia. Su actividad debe comprenderse a partir del conocimiento científico y del trabajo de quienes lo monitorean, no mediante incursiones que contradicen las recomendaciones de seguridad.

Aproximarse al peligro no equivale a comprenderlo. La lógica del "me gusta" tampoco garantiza que una publicación contribuya a la prevención.

En la montaña, como en la vida, reconocer los límites también es una forma de experiencia. No se trata de demostrar cuánto riesgo somos capaces de asumir, sino de discernir cuándo avanzar deja de tener sentido. Como se atribuye a Reinhold Messner: "las montañas no son justas ni injustas; simplemente son peligrosas".

Brújula. El mismo principio se confirma lejos de "Don Goyo". Tras la muerte de un montañista en una avalancha en el monte Dixon, Nueva Zelanda, el Consejo de Seguridad de Montaña de ese país advirtió que las condiciones meteorológicas favorables no eliminan el peligro y que la inestabilidad de la nieve puede persistir más de 48 horas después de una tormenta. El caso recuerda que la experiencia no sustituye la evaluación objetiva de las condiciones ni justifica subestimar los riesgos.

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