A estas alturas del año, cuando las contingencias ambientales se vuelven recurrentes, ya ni siquiera alzamos la mirada al cielo para pedir clemencia divina. Nos limitamos a constatar que la densa concentración de contaminantes anuncia la primera estación de este viacrucis ambiental que, como cada año, marca el inicio de la etapa crítica de los incendios forestales que ponen en peligro a nuestras montañas.

La propagación y la intensidad de estos siniestros se han incrementado notablemente debido a los efectos del calentamiento global, que ponen a prueba la capacidad de respuesta institucional y exhiben nuestra indolencia colectiva.

Según cifras de la Protectora de Bosques del Estado de México, en lo que va de 2026 se han registrado 55 incendios forestales, de los cuales 9 se han presentado en Toluca. Incluso, en el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl (que abarca una superficie cercana a las 40 mil hectáreas) la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas informó que ya fue sofocado un incendio al inicio de esta semana.

Si bien el año pasado tales siniestros disminuyeron casi 40 por ciento en territorio mexiquense gracias al esfuerzo conjunto de las autoridades federales, estatales y municipales -cuya labor preventiva y de vigilancia resultó determinante-, no hay margen para la complacencia.

Particularmente, cuando sabemos que el 90 por ciento de los incendios forestales derivan de actividades humanas: rupturas de líneas eléctricas; quemas agropecuarias no controladas; fogatas de excursionistas; incineración de basura e incluso conflictos entre comunidades.

En ese sentido, destaca la labor de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Comisión Nacional Forestal, quienes trabajan en un sistema de alerta basado en inteligencia artificial que permitirá detectar prácticamente en tiempo real columnas de humo a escala nacional y su localización precisa.

La dimensión global de este calvario climático confirma que no se trata de casos excepcionales. En la Patagonia argentina, el monitoreo satelital detectó que los incendios en la provincia de Chubut y en el Parque Nacional Los Alerces consumieron más de 40 mil hectáreas en enero de este año.

En el centro y sur de Chile, las autoridades informaron que aproximadamente 70 mil hectáreas han sido dañadas durante la actual temporada de incendios, con un saldo de 19 decesos y más de 50 mil personas evacuadas.

En Australia se repite el mismo patrón. La provincia de Victoria declaró estado de desastre tras incendios forestales que han superado las 300 mil hectáreas afectadas. En Sudáfrica, Western Cape enfrenta su temporada más severa en una década, con alrededor de 132 mil hectáreas arrasadas y la activación de mecanismos extraordinarios para responder a la magnitud de los siniestros.

Por todo ello, el llamado de la montaña nos recuerda las palabras del explorador y activista británico Robert Swan: "La mayor amenaza para nuestro planeta es la creencia de que alguien más lo va a salvar". Consideremos que cada incendio provocado, cada omisión institucional y cada gesto de apatía prolonga este viacrucis ambiental, una crisis que trastoca nuestra salud y compromete el futuro de las siguientes generaciones.

Brújula. El rumbo informativo se traslada a Milano-Cortina, en Italia, donde este fin de semana será la clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno en los que debutó oficialmente el esquí de montaña como disciplina deportiva.

La utilización de drones para seguir el descenso de los competidores en espacios naturales, donde la velocidad es el elemento central, resultó muy llamativa, aunque por momentos evocaba más la estética de un videojuego que la transmisión deportiva tradicional.

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Consideremos que cada incendio provocado, cada omisión institucional y cada gesto de apatía prolonga este viacrucis ambiental.

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